Vuelvo a la carga con el blog tras varios meses de inactividad, y con un tema que ha surgido de forma recurrente estos días en mi entorno; se trata de uno de mis recursos cinematográficos favoritos, el plano secuencia.
¿Qué es un plano secuencia? Básicamente es una secuencia rodada de una sola vez, sin cortes, en un sólo plano; rodar un plano secuencia efectivo es una tarea muy complicada, hay que ensayarlo minuciosamente para saber donde va a moverse la cámara y medir los tiempos de entrada y salida de los diferentes elementos escénicos y de los actores. El efecto de inmersión cinematográfica es dificilmente igualable, creando una tensión genuina en el espectador.
Uno de los maestros clásicos del plano secuencia fue Alfred Hitchcock, que empleaba tomas muy largas para mantener el suspense, a veces rodadas en varios planos pero con cortes invisibles, como por ejemplo esta secuencia de Frenesí (Frenzy, 1972) en la que la cámara abandona la escena sugiriendo un ominoso final para la mujer que entra dentro de la casa acompañada de un temible asesino.
La soga, (Rope, 1948) es la película más famosa de Hitchcock en emplear este recurso, está rodada casi en su integridad en larguísimos planos secuencia; para producirla, se crearon unos decorados especiales que permitían mover paredes y paneles para permitir el paso de la cámara.
Otro ejemplo de la maestría de Hitchcock en este tipo de tomas con cortes invisibles podemos verla en Atormentada (Under Capricorn, 1949)
Y en Encadenados (Notorious, 1946), en la que usó un largo plano para reirse de la censura impuesta por el código Hays, que impedía que los besos cinematográficos durasen más de unos pocos segundos; Hitchcock rodó a Ingrid Bergman y Cary Grant dándose besos de la duración "adecuada" uno detrás de otro en un plano de 3 minutos.
Los planos secuencia también eran habituales en el cine negro de bajo presupuesto de los años 40 y 50; la falta de medios era un acicate para rodar de forma rápida y efectiva, y a veces, como en este caso, servía para eludir la legalidad ante la ausencia de permisos de rodaje: podemos comprobar el nivel de sofisticación alcanzado por los maestros de la época en este mítico plano de El demonio de las armas de Joseph H. Lewis (Gun crazy, 1950)
Uno de los planos secuencia más espectaculares y aclamados de la historia del cine peretenece también a una película de cine negro, en este caso de alto presupuesto, orquestado por un director que dominaba la planificación en corto y que demostró ser también un maestro en esta otra labor; se trata del plano inicial de Sed de mal de Orson Welles (Touch of evil, 1958)
El plano secuenciaha seguido siendo usado por muchos otros directores, algunos a la manera de Hitchcock, como Brian de Palma, admirador y émulo confeso del maestro inglés; podemos admirar su pericia en esta secuencia de Carrie (1976) a partir del minuto 1:27:
Otros directores muy deudores del clasicismo narrativo han empleado esta técnica ha menudo, como Martin Scorsese en Uno de los nuestros (Goodfellas, 1990), Robert Altman en El juego de Hollywood (The player, 1991) o Quentin Tarantino (Kill Bill Volume I, 2003):
El cine de acción oriental también se ha empapado de esta técnica, tanto en el cine de artes marciales y de consumo como Thai dragon de Prachya Pinkaew (Tom yum goong, 2005) como en el más especializado y alabado por la crítica como Breaking news de Johnnie To (Dai si gin, 2004):
En los últimos tiempos, la revolución de las tecnologías digitales ha permitido ampliar las posibilidades de los planos secuencia para disimular cortes y colocar la cámara en lugares imposibles, como podemos ver en estos tres espectaculares ejemplos de La guerra de los mundos de Steven Spielberg (War of the worlds, 2005), Hijos de los hombres de Alfonso Cuarón (Children of men, 2006) y El secreto de sus ojos de Juan José Campanella (2009):
la fortaleza escondida
Cine, televisión, literatura, música y lo que se tercie...
martes, 15 de marzo de 2011
lunes, 11 de octubre de 2010
Roy Ward Baker 1916-2010
No doy a basto con las esquelas... :(
Esta vez le toca el turno a Roy Ward Baker, un veterano realizador que paseó su profesionalidad por numerosos géneros, casi siempre dentro de las películas de bajo presupuesto, y que, pese a ser considerado un simple artesano, deja tras de si una filmografía que muchos llamados autores envidiarían; su etapa más querida por muchos aficionados es la que pasó en los célebres estudios Hammer, especializados en cintas de horror gótico durante los 50, 60 y 70, aunque también dejó buenas muestras de su talento en otras productoras tanto en los EEUU como en su Inglaterra natal.
Baker era un cineasta que, pese a ser un "mandado", demostraba un más que notable conocimiento del medio; poseía una gran capacidad para crear escenas de tensión y suspense y atmósferas fantásticas y opresivas, gracias a un gran dominio del encuadre y la puesta en escena. No es extraño, entonces, que sus películas luzcan mucho más lujosas de lo que sus medios le permitían, y que incluso posean secuencias de gran creatividad visual.
Su filmografía es muy extensa y abarca cuatro décadas, así que comentaré tan solo 10 de las películas que he visto y que considero interesantes:
Un excelente thriller psicológico que supone uno de los primeros papeles protagonistas de Marilyn Monroe; en ella interpreta a una joven desequilibrada tras la muerte de su novio que se obsesiona con un joven piloto (Richard Widmark) que se hospeda en el mismo hotel en el que trabaja como canguro. Baker saca provecho de un guión interesante y unos buenos actores a los que suma una excelente atmósfera y un gran pulso narrativo.
Una de las mejores películas rodadas en 3D durante los primeros 50; en ella Robert Ryan es un millonario abandonado en el desierto por su mujer y la amante de esta que tendrá que sobrevivir en medio de la nada para vengarse. Aunque fue concebida para lucir el 3D en espectaculares entornos naturales, la magnífica interpretación de Ryan y la capacidad de Baker para el suspense la elevan muy por encima de otros productos similares.
Se trata de una aventura bélica inspirada en la historia real de Franz von Werra, único oficial alemán que consiguió evadirse de los ingleses; la producción es inglesa pero el actor protagonista, Hardy Kruger, es alemán, y, en lineas generales, se muestra un enorme respeto por el enemigo, sin demonizar ni ridiculizar al bando perdido; Baker saca oro de la epopeya personal de Werra narrando sus desventuras con notable garra y realismo.
Una honesta y competente recreación de la tragedia del Titanic (de la que la famosa versión de James Cameron robó planos, situaciones y hasta secuencias completas) plagada de rostros famosos ingleses y beneficiada de un excelente trabajo de miniaturas. Inspirada en hechos reales narrados por los supervivientes, es la película favorita de los aficionados a la famosa catástrofe por su verosimilitud y rigor histórico.
La última parte de la carrera de Baker en el cine se caracterizó por tender cada vez más a la simbología, las segundas intenciones y en ocasiones el más puro camp; algo de esto ya está presente en este extrañísimo western de extrañas connotaciones (homo)sexuales en el que un cura intenta redimir a un malvado pistolero llamado Anacleto (menudo nombrecito). Anacleto es interpretado por un Dirk Bogarde embutido en cueros negros al que el padre redentor echa extrañas miraditas.
Tercera entrega de las aventuras del profesor Quatermass producidas para el cine por la Hammer; se trata de uno de los títulos más queridos por los aficionados, una serie B de ciencia ficción llena de jugosas ideas a la que Baker aporta su buen pulso narrativo y su capacidad para el suspense, elvándola muy por encima de la precariedad de sus medios.
Una divertida comedia negra producida por la Hammer con una deliciosamente decadente Bette Davies de protagonista; la película se centra sobre los avatares de una extraña familia disfuncional en el día del aniversario de su tiránica madre, que utiliza todos los trucos a su alcance para eliminar a quienes considera ajenos a la familia y mantener a sus hijos bajo su "protector manto".
La decadencia de la productora estaba cerca, de manera que empezaron a cargar las tintas con el gore y el erotismo; Baker supo aprovechar ambas coyunturas para rodar una de las más lujuriosas y sugerentes historias vampíricas de la época, que sorprende aún hoy en día por su aliento trágico y erótico; la película cuenta la historia de Carmilla, una vampira lesbiana que se dedica a alimentarse de tiernas jovencitas... su desgracia llega el día en que se enamora de una de ellas, pero sin embargo no puede evitar matarla poco a poco por su ansia de sangre.
Christopher Lee vuelve a encarnar por quinta vez al famoso vampiro para la Hammer; sin embargo, pese al evidente agotamiento, se trata de una revisión del mito que, aunque no tiene precisamente un gran guión, es rica en extrañas imágenes y atmósferas enrarecidas.
Una peli extraña y bizarra como ella sola que ya comenté en un artículo propio.
Esta vez le toca el turno a Roy Ward Baker, un veterano realizador que paseó su profesionalidad por numerosos géneros, casi siempre dentro de las películas de bajo presupuesto, y que, pese a ser considerado un simple artesano, deja tras de si una filmografía que muchos llamados autores envidiarían; su etapa más querida por muchos aficionados es la que pasó en los célebres estudios Hammer, especializados en cintas de horror gótico durante los 50, 60 y 70, aunque también dejó buenas muestras de su talento en otras productoras tanto en los EEUU como en su Inglaterra natal.
Baker era un cineasta que, pese a ser un "mandado", demostraba un más que notable conocimiento del medio; poseía una gran capacidad para crear escenas de tensión y suspense y atmósferas fantásticas y opresivas, gracias a un gran dominio del encuadre y la puesta en escena. No es extraño, entonces, que sus películas luzcan mucho más lujosas de lo que sus medios le permitían, y que incluso posean secuencias de gran creatividad visual.
Su filmografía es muy extensa y abarca cuatro décadas, así que comentaré tan solo 10 de las películas que he visto y que considero interesantes:
Un excelente thriller psicológico que supone uno de los primeros papeles protagonistas de Marilyn Monroe; en ella interpreta a una joven desequilibrada tras la muerte de su novio que se obsesiona con un joven piloto (Richard Widmark) que se hospeda en el mismo hotel en el que trabaja como canguro. Baker saca provecho de un guión interesante y unos buenos actores a los que suma una excelente atmósfera y un gran pulso narrativo.
Una de las mejores películas rodadas en 3D durante los primeros 50; en ella Robert Ryan es un millonario abandonado en el desierto por su mujer y la amante de esta que tendrá que sobrevivir en medio de la nada para vengarse. Aunque fue concebida para lucir el 3D en espectaculares entornos naturales, la magnífica interpretación de Ryan y la capacidad de Baker para el suspense la elevan muy por encima de otros productos similares.
Se trata de una aventura bélica inspirada en la historia real de Franz von Werra, único oficial alemán que consiguió evadirse de los ingleses; la producción es inglesa pero el actor protagonista, Hardy Kruger, es alemán, y, en lineas generales, se muestra un enorme respeto por el enemigo, sin demonizar ni ridiculizar al bando perdido; Baker saca oro de la epopeya personal de Werra narrando sus desventuras con notable garra y realismo.
Una honesta y competente recreación de la tragedia del Titanic (de la que la famosa versión de James Cameron robó planos, situaciones y hasta secuencias completas) plagada de rostros famosos ingleses y beneficiada de un excelente trabajo de miniaturas. Inspirada en hechos reales narrados por los supervivientes, es la película favorita de los aficionados a la famosa catástrofe por su verosimilitud y rigor histórico.
La última parte de la carrera de Baker en el cine se caracterizó por tender cada vez más a la simbología, las segundas intenciones y en ocasiones el más puro camp; algo de esto ya está presente en este extrañísimo western de extrañas connotaciones (homo)sexuales en el que un cura intenta redimir a un malvado pistolero llamado Anacleto (menudo nombrecito). Anacleto es interpretado por un Dirk Bogarde embutido en cueros negros al que el padre redentor echa extrañas miraditas.
Tercera entrega de las aventuras del profesor Quatermass producidas para el cine por la Hammer; se trata de uno de los títulos más queridos por los aficionados, una serie B de ciencia ficción llena de jugosas ideas a la que Baker aporta su buen pulso narrativo y su capacidad para el suspense, elvándola muy por encima de la precariedad de sus medios.
Una divertida comedia negra producida por la Hammer con una deliciosamente decadente Bette Davies de protagonista; la película se centra sobre los avatares de una extraña familia disfuncional en el día del aniversario de su tiránica madre, que utiliza todos los trucos a su alcance para eliminar a quienes considera ajenos a la familia y mantener a sus hijos bajo su "protector manto".
La decadencia de la productora estaba cerca, de manera que empezaron a cargar las tintas con el gore y el erotismo; Baker supo aprovechar ambas coyunturas para rodar una de las más lujuriosas y sugerentes historias vampíricas de la época, que sorprende aún hoy en día por su aliento trágico y erótico; la película cuenta la historia de Carmilla, una vampira lesbiana que se dedica a alimentarse de tiernas jovencitas... su desgracia llega el día en que se enamora de una de ellas, pero sin embargo no puede evitar matarla poco a poco por su ansia de sangre.
Christopher Lee vuelve a encarnar por quinta vez al famoso vampiro para la Hammer; sin embargo, pese al evidente agotamiento, se trata de una revisión del mito que, aunque no tiene precisamente un gran guión, es rica en extrañas imágenes y atmósferas enrarecidas.
(Dr. Jekyll & Sister Hyde, 1971)
Una peli extraña y bizarra como ella sola que ya comenté en un artículo propio.
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miércoles, 6 de octubre de 2010
Cine oculto - Perro blanco, de Sam Fuller
Sam Fuller es un cineasta que no necesita presentación para los buenos aficionados; fue un individuo único, todo un personaje en si mismo, un "outsider" del cine americano cuya vida fue tan intensa e interesante como sus propias películas: reportero avispado, veterano de guerra, novelista, director de culto... Fuller realizó la mayor parte de sus trabajos durante los 50 y los primeros 60, casi siempre dentro de los parámetros de la serie B, tras un corto y azaroso paso por la producción de primera linea.
La década de los 70 la pasó casi en blanco, condenado al ostracismo en su propio país por el contenido polémico de sus cintas, pero a principios de los 80 volvió con un par de títulos capitales de su filmografía, que no terminaron de cuajar en su resurrección cinematográfica (eran tiempos poco propicios para el cine militante de Fuller) pero que, con el paso del tiempo, se han convertido en películas casi míticas; el primero de estos títulos fue Uno rojo: División de choque (The Big Red One, 1980), una cinta bélica que narra con singular acierto sus propias experiencias de guerra, y el segundo fue Perro blanco (White dog, 1982), la película que comentaré a continuación.
Julie Sawyer (Kristy McNichol) es una jóven actriz que vive en un chalet en las colinas de L.A.; volviendo una noche a casa en su coche atropella sin querer a un enorme pastor alemán blanco. Julie lleva al perro al veterinario y decide colgar fotos del animal para localizar a su dueño; sin embargo, se va encariñando poco a poco de él, y decide quedárselo.
Sin embargo, a pesar del aparente caracter amable del animal y de su instinto protector, este va mostrando ocasionales ataques de furia asesina contra humanos de raza negra. Julie contacta entonces con un experto en doma de animales para películas, el veterano Carruthers (Burl Ives), que le dice que debe sacrificar al animal ya que se trata de un "perro blanco", un perro asesino entrenado por racistas para matar a negros. Sin embargo, Keys (Paul Winfield) socio de Carruthers y de raza negra, decide reeducar al perro, al tratarse de un asunto que le toca personalmente y que se convierte en una obsesión personal.
Perro blanco es uno de los más brutales alegatos anti-racistas que uno pueda echarse a la cara, y, sin embargo, en su momento se paró su distribución y la película fue acusada de ser todo lo contrario, debido a una incomprensible campaña de desinformación que volvió a condenar a Fuller al ostracismo; quizá la parábola que proponía Fuller era demasiado adulta o demasiado inteligente, pero desde luego, no se la puede calificar de sutil: si hay algo que caracteriza a este autor es la contundencia con que expresa sus posturas, y Perro blanco es contundentemente anti-racista.
El planteamiento de Fuller acerca del racismo es tremendamente poderoso: para él el racismo es una enfermedad mental, un condicionamiento impuesto desde la infancia para temer aquello que es diferente y atacarlo con saña y furia; este concepto está representado por un espectacular perro blanco, en apariencia normal, fiel y cariñoso, que oculta a un terrible monstruo racista y asesino en su interior.
Esto es entre tú y yo, hijo de puta
Frente a este condicionamiento, se plantean dos posturas, la de Carruthers (entrañable Burl Ives), que cree que no puede ser curado, y la de Keys, que considera casi un deber sagrado demostrar que puede invertir el proceso de condicionamiento. La lucha de Keys (excelente y carismático Paul Winfield) por doblegar al monstruo y recuperar al perro es sin duda uno de los puntos más fascinantes del film, representado en continuos duelos de miradas y choques de voluntades.
La estructura narrativa de la película y su gusto por el exceso y el pulp recuerda vivamente a otros de sus títulos de los 60 como Corredor sin retorno (Shock corridor, 1963) o Una luz en el hampa (The naked kiss, 1964); dentro de este estilo tan propio y característico no sobra ni falta nada, Fuller construye grandes escenas desde la escritura (1) y las rueda con su soltura e ingenio habituales, logrando excelentes momentos de suspense, alguno casi terrorífico: la interpretación de los perros que encarnan al animal protagonista es asombrosa, llegando a expresar lástima o pavor de un segundo a otro. Por otra parte, la irrupción del racista culpable del condicionamiento del perro es una verdadera patada en los cojones (Fuller aprobaría esta expresión) a la iconografía WASP yanki.
En definitiva, a pesar de su look ochentero y de la parquedad de medios con que fue rodada, Perro blanco se impone por su arrollador sentido de la puesta en escena y por su guión plagado de reflexiones y parábolas, del que destaco poderosamente el fascinante desarrollo de la relación entre el perro y Keys; me resulta del todo incomprensible que una película tan concienciada, casi imprescindible para comprender las raices de la discriminación racial, pudiera ser tan mal entendida en su tiempo.
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(1) El guión fue escrito al alimón con un jóven Curtis Hanson, luego famoso guionista y director de L.A. Confidential, e inspirado en una novela de Romain Gary de la que al parecer se distancia en algunos aspectos.
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