No hay definición en la RAE, pero si en Wikipedia:
Reset, del inglés reponer o reiniciar. Se conoce como reset a la puesta en condiciones iniciales de un sistema.
Aunque en este caso no me propongo hablar del conocido reset informático, sino del
reset cinematográfico que han sufrido numerosas franquicias en los últimos años.

El cine es un medio de expresión, que a veces (y según que puntos de vista) puede ser arte, pero que fundamentalmente es una industria que mueve ingentes cantidades de dinero; uno de los inventos más lucrativos del cine son las franquicias, series de películas temáticas que generan enormes beneficios tanto en taquilla como fuera de ella, en forma de libros, juegos de ordenador y consola, merchandising, etc...
Las franquicias son habitualmente despreciadas por gran parte de la crítica seria y por muchos espectadores que ven en ellas simples fábricas de churros; sin embargo, han demostrado ser un negocio más que efectivo en cuyo seno se han formado numerosos cineastas y que a menudo han aportado obras más que notables al medio: las grandes productoras se quiebran la cabeza para encontrar el cocktail perfecto que origine una nueva franquicia duradera, o, en su defecto, revitalizar las que ya tienen, que es el tema que nos ocupa ahora.
¿Como revitaliza uno una franquicia con muchos años de andadura? Es habitual que, cuanto más tiempo pasa, peores son los productos asociados a dicha franquicia; las ideas se agotan y en la búsqueda de nuevos impulsos a menudo aparece el esperpento como remedio, empobreciendo de forma drástica la saga (salvo algunos casos en que se hace de forma totalmente consciente y autoparódica, como en la infravalorada
Alien 4 de Jeunet)
Sin embargo, en los últimos tiempos Hollywood se ha sacado de la manga el
reset para dar nuevos aires a viejas franquicias, el reinicio de la saga, manteniendo las ideas de base y mezclándolas con conceptos más modernos que puedan generar nuevas legiones de seguidores.
El proceso ya era habitual en otros medios: cualquier aficionado al cómic de superhéroes se ha encontrado con más de uno y más de dos
resets en los personajes de toda la vida; Superman, Batman, Spiderman y un largo etcétera han sufrido mil y una reinvenciones, algunas realmente notables y otras mediocres, pero que han permitido a los personajes sobrevivir hasta nuestros días.
Tampoco es algo exclusivo del cómic; es una tradición inmemorial literaria el reinventar historias universales en cada nueva generación de artistas. Pongamos como ejemplo los mitos artúricos, que reaparecen en la literatura cada cierto tiempo desde la edad media, desde las oscuras referencias anteriores al siglo XI hasta las novelas de Marion Zimmer Bradley en nuestros días, pasando por Chrétien de Troyes, Sir Thomas Malory, Alfred Tennyson y un largo etcétera.
En cada época, el mito ha sido reinventado según los parámetros morales y sociales del momento; las historias de Troyes son crónicas cristianizantes de andanzas heróicas, típicas del relato caballeresco, la obra de Mallory se adentra más en el drama galante, Tennyson da una versión romántica propia del siglo XIX y Bradley reescribe por completo el mito desde un punto de vista feminista y pagano.

Una de las primeras sagas cinematográficas que ha hecho
reset en la última década ha sido de la de
Batman, y con inmejorables resultados; salvo las 2 primeras incursiones de Tim Burton, que logró un Batman excéntrico, gótico y divertido, la saga renqueaba desde mediados de los 90 con 3 películas cada vez peor escritas y más esperpénticas.
La labor de continuar la saga recayó en manos de Christopher Nolan, que decidió ofrecernos una visión del personaje mucho más realista y oscura que las anteriores, introduciendo elementos de cine negro, de serial de espías a lo Fritz Lang e incluso de reflexión social y moral acerca del miedo, la manipulación y el poder.
Si
Batman begins era ya una película realmente estimable, con un héroe vulnerable y lleno de dudas, y unos malvados visionarios y con pretensiones de héroes en su sagrada misión de limpiar la sociedad, su secuela
El caballero oscuro se convirtió en una de las películas más interesantes de los últimos años; con un estilo visual sencillo y directo, siempre puesto al servicio de la historia, Nolan nos sumergió en una Gotham moderna puesta en jaque por un Joker despiadado, cuya capacidad para la manipulación y el caos recuerda mucho a la de los modernos terroristas; pero más oscuros e interesantes aún eran los supuestos héroes de la función, tan llenos de ambición como su antagonista: "
puedes morir como un héroe o vivir lo suficiente para convertirte en villano", dice uno de los personajes, una frase memorable que pone en evidencia la distancia tan corta que existe entre ser un salvador e ídolo de masas o un tirano (que se lo cuenten al Che y a Fidel, por ejemplo)

La franquicia más antigua que aún sigue en pie, la del incombustible agente secreto
James Bond, no dejó pasar la oportunidad y se apuntó al carro de los
reset con resultados dispares; cuando Bond nació cinematográficamente, alla por 1962, causó sensación por ser el héroe más frio, cinico, amoral, violento e hijoputesco que había pisado la pantalla; aquel Bond no tenía inconveniente en cepillarse a tres o cuatro mujeres por película o matar a sangre fría a quien se pusiera por delante, para después soltar algún chascarrillo lleno de mala baba, tomarse un copazo de martini con vodka o fumarse un cigarrito como si no hubiera pasado nada.
Semejante personaje tenía que caer, tarde o temprano, en el terreno del esperpento, y lo hizo con desparpajo ya desde los tiempos de Sean Connery: a partir de
Goldfinger, cada nueva película era más desopilante y excéntrica que la anterior, hasta llegar al delirio en
Sólo se vive dos veces, donde Bond se enfrentaba a su archienemigo Blofeld, número uno de Spectra, junto a un ejército de ninjas modernos armados con pistolas de cohetes que le ayudaban a destruir una base secreta oculta en un volcán apagado...
Bond ha sido, precisamente, la serie que más intentos de
reset ha sufrido; cuando Connery abandonó la franquicia tras
Sólo se vive dos veces, los productores trataron de hacer un Bond más humano, que se enamora y se casa en
Al servicio secreto de su majestad... aunque volvería a las andadas de la comedia de acción posteriormente, para ir descarriandose cada vez más encarnado por un Roger Moore que convirtió al personaje en un sátiro de elegantes formas que sale airoso del enfrentamiento con mil y un malvados cuyos planes son cada vez más absurdos... Con Timothy Dalton se intentó de nuevo volver al Bond hosco y serio con un toque trágico, pero la mala elección de guionistas y director dio al traste con las pretensiones, para volver al estilo paródico de Moore con Pierce Brosnan.

Viendo el éxito del
reset de Batman, y con la saga de Bourne como referente dentro del mundo de espías, los productores de Bond encontraron el marco ideal para reiniciar por completo al personaje, dandole de nuevo un caracter hijo de puta, violento y trágico, muy acorde con los nuevos tiempos; el nuevo Bond, encarnado por un Daniel Craig que comparte con el primigenio Connery una masculinidad animal e incorrecta, es duro, cínico, manipulador, y no duda en usar a amigos y enemigos por igual para lograr sus fines;
Casino Royale y
Quantum of solace son dos películas estimables (en mi opinión más la primera que la segunda), aunque no perfectas, pero cuyo éxito en taquilla augura la presencia de Bond por muchos años en la cartelera.
Otro ejemplo es la resurrección de una serie incombustible que parecía abocada a la extinción en su vertiente cinematográfica, tras muchos años de andadura:
Star Trek. Las aventuras del Enterprise parecían haber sido explotadas hasta los límites permisibles, y solo quedaba una posible vía de escape: el
reset.
Así, la nueva película de
Star Trek, obra del padre de
Lost J.J. Abrams, se saca de la manga un universo alternativo muy en la linea de la propia serie y del mundo de los comics ("what if...?"), donde se nos cuentan las primeras andanzas de unos Kirk, Spock, McCoy y cia totalmente rejuvenecidos (y cuyos comportamientos son excesivamente adolescentes) en una entretenida película que ha conseguido atraer a un público más jóven a las salas y que promete generar numerosos ingresos en los próximos años.

Así pues, a pesar de tropezones como
Superman (cuya gravedad y tratamiento dramático fue muy en detrimento de sus resultados en taquilla) tenemos franquicias y sagas para rato, no solo con las que ya han sido puestas al día y las que mantienen su linea, sino con las que vendrán: en los próximos años se prevee el lavado de cara para
Robocop,
Conan y un largo etcétera...
Recordemos que este tipo de series permiten el mantenimiento económico de muchos estudios y productoras y favorecen la formación de numerosos profesionales: en el pasado gente como Tim Burton, James Cameron, Ridley Scott, John Boorman, David Fincher, Steven Spielberg y un largo etcétera ha podido encontrar su sitio en el panorama cinematográfico gracias a su participación en alguna de estas sagas... que duren por muchos años y sepan cambiar con el tiempo, uno siempre se puede llevar sorpresas.