miércoles, 30 de diciembre de 2009

Cine oculto - Plan diabólico, de John Frankenheimer


La película comienza de forma intrigante: Arthur Hamilton, un hombre de unos 50 años, se pasea por una estación de aspecto irreal y alienante (plagada de sorprendentes planos con steady cam y ojos de pez) y, antes de tomar su tren, recibe una dirección escrita en un papel de manos de un extraño. Después asistiremos a la aburrida cotidianeidad de su vida: hombre de éxito en los negocios, casado, con hijos... su existencia anodina se divide entre el trabajo, el tedio sexual y la frustración de los sueños de juventud.


Pero desde hace unos días recibe llamadas de teléfono de un amigo muerto que le asegura que sigue viviendo, mucho mejor que antes, y que él puede tener la misma oportunidad de renacer si se dirije a la dirección que le ha sido entregada... Hamilton cede a la curiosidad y se dirije al sitio señalado, dando pie a un extraño viaje entre lugares de lo más variopinto (una tintorería, un matadero) plagado de peculiares y misteriosos personajes que le van guiando a su destino: una corporación secreta que lo ha elegido como cliente.

Esta peculiar corporación le ofrece una segunda oportunidad en la vida: la de simular su muerte y renacer con otra personalidad diferente, para poder realizar todos sus sueños de juventud. La corporación se encargará de todo, previo pago de una generosa cantidad de dinero: cirugía estétitica, cadáver parecido al suyo para simular un accidente, nuevo pasado, nuevos documentos de identidad, etc... Así el aburrido Arthur Hamilton se convierte en un bohemio pintor, Antiochus Wilson, que tiene la apariencia del apolineo Rock Hudson.


Al principio todo parece maravilloso: mujeres, alcohol, fiestas, bacanales... Pero Arthur empieza a sospechar que ha caido en una trampa, esta vida tampoco es la que él desea; igual que su existencia anterior había sido sepultada por un cúmulo de circunstancias que él no había deseado, esta otra es un producto de diseño en la que se ve prisionero de los designios de la corporación; sigue sin ser libre para actuar, decidir y forjar el futuro que él quiere para si mismo.


La película de Frankenheimer es absolutamente fascinante y visionaria; recoge todos los sueños, anhelos y frustraciones del hombre moderno y los plasma en un ambiente irreal, a veces satírico y subversivo, en última instancia aterrador y con ciertos toques psicodélicos (muy en voga en el momento en que fue rodada la película) La realización es tan marciana que parece propia de un Terry Gilliam, llena de ojos de pez, planos distorsionados, personajes pintorescos, situaciones absurdas y mala baba, y la actuación de Rock Hudson es irreprochable, poniendo en entredicho su propia imagen de hombre perfecto e ideal que vendían los estudios de Hollywood.

En Seconds (Plan diabólico en español) ya se habla de conspiranoia, de poderes en la sombra, de realidades alternativas, de búsqueda de la libertad, de la dicotomía entre deseo y realidad, entre libertad de acción y circunstancias vitales, más de 40 años antes de la ola de ci-fi de finales de los 90 y principios del siglo XXI (Matrix, Cypher, Dark city, Avalon...) No ha sido casualidad que comente también su parecido con el cine de Terry Gilliam, puesto que también está muy emparentada con Brazil.

En definitiva, una película a redescubrir, junto con su coetánea compañera televisiva El prisionero, una serie que bien se merece una reseña propia que escribiré en breve, y que comparte con esta un mensaje subversivo acerca de la realidad y la libertad en nuestro mundo moderno.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Estrenos - Avatar


Estamos en el futuro, y la humanidad ha descubierto Pandora, un planeta paradisíaco lleno de frondosos bosques, habitado por infinidad de extraños animales, y patria de una raza humanoide inteligente, los Na'vi, que parecen vivir en comunión con todas las criaturas y plantas de su mundo. La atmósfera de Pandora es irrespirable para los humanos y su gravedad es más baja, lo que ha dotado a los Na'vi de una extraña apariencia felina azulada, una enorme envergadura y una agilidad prodigiosa. Para entrar en contacto con ellos, los humanos utilizan "avatares", cuerpos Na'vi generados sintéticamente y controlados mediante conexión neuronal remota por un humano.


Pandora es así mismo un enorme yacimiento de un mineral muy preciado, que atrae la codicia de grandes corporaciones; Jake Sully (Sam Worthington) es un ex-marine confinado a una silla de ruedas que entra a formar parte del proyecto Avatar para negociar con los Na'vi la explotación de este mineral. En Pandora conoce a la doctora Grace Augustine (Sigourney Weaver), una bióloga y ecologista que intenta luchar desde dentro de la corporación para proteger la riqueza biológica del planeta y la cultura de los Na'vi; sin embargo el proyecto está en manos de Parker Selfridge (Giovanni Ribisi) un ejecutivo que sólo busca lucrarse, y que cuenta con la ayuda de un destacamento del ejército al mando del brutal coronel Quarich (Stephen Lang)

Cuando Jake Sully se introduce en su avatar y baja a Pandora, queda fascinado con el entorno; perseguido por un animal feroz, Sully termina aislado del resto de su grupo pero recibe la inesperada ayuda de Neytiri (Zoe Saldaña) una hermosa princesa Na'vi que le introduce en una aldea contraviniendo las leyes de su pueblo, que desconfía de los avatares a los que son capaces de distinguir sin problemas de los verdaderos miembros de su especie.

Sully se propone entonces negociar con los Na'vi de forma pacífica, y el coronel Quarich le ofrece tres meses de plazo para conocer a los alienígenas; una vez terminado este plazo, si no ha logrado un acuerdo con ellos, invadirá el planeta por la fuerza para extraer el preciado mineral.


¿Como acabará el personaje de Jake Sully frente a los Na'vi?

a) lo matarán y será pasto de los animales salvajes de Pandora
b) Se convertirá en su líder y los librará de la opresión de los humanos
c) lo expulsarán de la aldea y lo enviarán de vuelta con los suyos

¿Qué pasará entre Sully y la hermosa Naytiri, princesa Na'vi, prometida por sus padres a otro guerrero de la aldea?

a) se enamorarán, contraviniendo las leyes ancestrales del planeta
b) mantendrán una estrecha relación amistosa
c) nunca llegarán a llevarse bien

Neytiri comenta que una vez cada nosecuantos años un gran guerrero es capaz de domar un bicho enorme legendario y que quien consigue tal hazaña se convierte en líder de todas las tribus del planeta...

a) no es más que una anécdota para enriquecer el argumento
b) los humanos derribarán al bicho
c) Jake Sully domará al bicho y se convertirá en líder de todas las tribus del planeta

La gran sacerdotisa Na'vi comenta que el planeta entero es como una red neuronal y que a través de un ritual son capaces de transferir almas de un cuerpo a otro:

a) Jake Sully se someterá al ritual para vivir por siempre como un Na'vi
b) El coronel Quarich se someterá al ritual para vivir por siempre como un Na'vi
c) No es más que una superstición local

Así podríamos seguir con varias preguntas más, pero, si has respondido mentalmente con las respuestas más obvias de cuantas he propuesto, has acertado de pleno, y te puedes hacer una idea de cual es el gran problema de esta película: el guión cae en todos los tópicos habidos y por haber y está más visto que el tebeo.

Es cierto que, con los precedentes de Cameron, hubiese sido absurdo esperar de Avatar que fuese una aventura de ci fi sesuda, aunque, al menos, si una escrita de forma competente y bien desarrollada como lo fuera la excelente Aliens(*). Que no se me entienda mal, Avatar no me parece un cagarro; es tremendamente espectacular y entretenida, pero, sin embargo, no puedo por menos que quejarme de la simplicidad y previsibilidad de su historia... el punto de partida era fascinante, y se podría haber sacado mucho más provecho de él sin caer en lo anti-comercial o excesivamente complejo para el público mayoritario. Sin embargo, nos encontramos ante una versión más de Pocahontas o Bailando con lobos, cambiando indios por alienígenas; los Na'vi son buenos buenísimos, naturalistas y sanos, mientras que los humanos, salvo el grupo de ecologistas, son egoistas y malos, y poco más hay que rascar.

Esto no quita para que uno se deleite con su espectacular aspecto técnico; es una película de visión obligada en 3D, donde el planeta Pandora cobra vida de una forma alucinante y envolvente, de tal manera que casi puedes sentir el aliento de las bestias y el murmullo de las hojas a tu alrededor. Las secuencias de acción son prodigiosas, uno siente hasta vértigo cuando acompaña a los Na'vi sobre sus monturas aladas mientras sobrevuelan los maravillosos riscos y montañas del planeta.


La película está destinada a barrer en las taquillas y convertirse en un hito de masas, aunque es probable que, como ya sucediera con Titanic, su popularidad se difumine con el tiempo; una vez pasados los efectos del bombazo técnico, sus carencias narrativas pueden quedar bastante al descubierto. Avatar es una película pionera, una punta de lanza de lo que ha de venir en la que hay que felicitar más al equipo técnico, a los diseñadores de entornos y criaturas antes que a su director y guionista; esperemos que, con el tiempo, las películas en 3D lleguen a tener guiones que no sean en 2D, como es el caso de la nueva película de Cameron.

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(*) Cameron hace constantes homenajes a Aliens en su nueva película, desde el aspecto de los marines y los vehículos hasta algún personaje que parece calcado de la anterior (el ejecutivo de la gran corporación, aquí interpretado por Giovani Ribisi y entonces por Paul Reiser, ambos con un look pijo-despreciable, cada uno dentro de los cánones de su época) Sin embargo, mientras el personaje de Reiser tenía dos caras y jugaba al juego de la presencia amable y el trato personal y aparentemente comprometido, tan reconocible para todos los que hemos pertenecido a una multinacional (cuantos como este hay por ahí que esconden los colmillos de esta manera) el de Ribisi es mucho más obvio y unidimensional, se lo ve venir de lejos, empobreciendo bastante el conjunto y la reflexión acerca del capitalismo y la mercadotecnia que tan acertada fuese en Aliens. Es un mal común de la última película de Cameron, no hay sitio ni para la ambigüedad moral ni para la sorpresa: todos los personajes son lo que aparentan ser, ni más ni menos.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Héroes - H.G. Wells


H. G. Wells es conocido a día de hoy por ser uno de los pioneros de la ciencia ficción; reconozco que de crio, cuando abordé por primera vez alguna de sus novelas, me resultó menos asequible que Verne, mucho más aventurero y fantástico; sin embargo, con el paso del tiempo, he acabado por preferir la obra del inglés por muchos motivos.

Cuando hace unos 10 años releí La guerra de los mundos, ya abandonadas las inquietudes más infantiles, me asaltó una curiosa reflexión: Wells no parecía estar contando una simple historia pionera de invasiones extraterrestres, sino que subyacía una más que abierta crítica hacia el ego humano y hacia la política colonialista aún en voga cuando la novela fue escrita; el libro contenía algunos pasajes terroríficos de caos y destrucción, pero quizá el más terrible de todos era aquel en el que el protagonista se quedaba encerrado en una iglesia con un vicario demente; este vicario era como la imagen misma de una Inglaterra incapaz de asimilar el hecho de que no eran los dueños del mundo, ni el culmen de la civilización.


Tiempo después, ahondando más en la obra de Wells, descubrí detalles sociológicos y políticos en todas sus obras; en La máquina del tiempo, cuando el protagonista viaja al futuro, lo encuentra devastado y a la humanidad dividida en dos razas, los Eloi y los Morlocks; los primeros viven en la superficie y son hermosos, despreocupados e infantiles, y los segundos se han convertido en bestias embrutecidas y caníbales que apenas saben ya usar las complejas maquinarias del subsuelo y que, tras años de ser trabajadores casi esclavos para los eloi, han terminado por incluirlos en su dieta... Toda una lucha de clases descrita desde un punto de vista fantástico y terrible en el que los obreros, tras siglos de dominación, han perdido su humanidad y ceban sus iras en unas clases pudientes que viven en el más absoluto nihilismo.

También rescaté una vieja y maravillosa película llamada La vida futura (The shape of things to come, 1936) inspirada en un libro de Wells casi imposible de encontrar en español y con guión del propio autor; si las obras anteriores contenían numerosos elementos sociológicos y políticos, esta obra era, directamente, sociología y política-ficción; aunque la película encandila por sus maravillosos FX, lo que realmente sorprende es la visión de Wells, en ocasiones profética, que, antes de producirse la segunda guerra mundial, ya predice un brutal conflicto armado inminente.


La secuencia inicial de la película es prodigiosa y profusa en imágenes simbólicas; una ciudad cualquiera, llamada Everytown, vive las navidades de forma despreocupada mientras los periódicos anuncian la posibilidad de una guerra mundial... John Cabal, un hombre de ciencia, observa los hechos de forma impotente pero reflexiva, mientras sus hijos juegan con pequeños cañones en miniatura. Cuando definitivamente estalla el conflicto, un niño vestido de soldado marca un ritmo marcial con su tambor, mientras surgen ominosas sombras de hombres desfilando. Cabal parte a la guerra y Everytown sucumbe a los bombardeos, mientras sus habitantes huyen despavoridos y mueren en plena navidad.

La guerra dura décadas, provocando una escalada armamentística imparable, y dejando el planeta convertido en un territorio salvaje, como un antepasado del paisaje postapocalíptico de Mad Max, asolado por el hambre, la miseria y la enfermedad; en esta era oscura, caudillos violentos y despiadados se hacen con el control de la sociedad mientras los hombres de ciencia se ven imposibilitados de seguir con su labor.

Sin embargo, John Cabal, que ha sobrevivido al conflicto, reaparece portando una tecnología superior que ha desarrollado en el confín del mundo junto a otros sabios de todas las especialidades; Cabal vuelve como un salvador para instaurar un nuevo órden, una nueva edad de oro en que la ciencia, el conocimiento y los derechos humanos son la insignia del renacer.

Esta película terminó por reafirmar mi idea de que Wells era un humanista político y social con el ojo puesto en la consecución de una utopia socialista donde no se repitiesen los errores del pasado, donde no hubiera división de clases y donde la razón fuese el motor de la sociedad; investigando sobre el tema, me di cuenta de que no andaba muy desencaminado...

Wells había pertenecido a la Sociedad Fabiana, una organización formada por simpatizantes socialistas fundada en Gran Bretaña en 1883, que trabajaba para conseguir una sociedad más justa e igualitaria y paliar la explotación provocada por el capitalismo desbocado y colonizador que se avecinaba. Los fabianos no eran revolucionarios, muy al contrario, pretendían incluir sus reformas poco a poco y de forma firme; entre otras cosas, proponían sistemas de sanidad y educación públicas, regulaciones de las condiciones de empleo para evitar los accidentes laborales y la explotación infantil, estaban a favor de la igualdad de sexos, etc, etc... Confiaban en la consecución de un socialismo lógico, razonable y duradero en el que cualquier ciudadano pudiese trabajar y vivir dignamente.

El activismo humanista de Wells, al que unía un enorme sentido espiritual más allá de religiones concretas, le llevó a participar en un proyecto internacional para estrechar lazos entre los diferentes países: La Sociedad de Naciones, antepasada de la ONU, que vio la luz en 1919 tras la Primera Guerra Mundial. Wells, junto a otros intelectuales como Tagore o Hesse, se lanzó a dar conferencias por todo el mundo a favor de la causa común y en contra de la guerra.

Siendo como era, un tipo bajito y de voz aguda y algo tartamudeante, gran escritor pero pésimo orador, a menudo sus conferencias eran tachadas de aburridas e inaguantables, y en ocasiones aguantó las burlas de su público con estoicidad y convicción...

Lamentablemente, las hermosas aspiraciones de Wells eran tan ingenuas como las de su alter ego en La vida futura, John Cabal, y los prolegómenos de la Segunda Guerra Mundial supusieron un mazazo para su ánimo; sus últimas obras están transidas de un terrible pesimismo acerca de la raza humana, a la que veia autodestructiva y sin posibilidad de redención.

Si Wells volviese hoy en día a echar un vistazo al planeta, no encontraría un paisaje muy diferente al que abandonó: guerras, injusticias, miserias... sin embargo, muchas de sus pretensiones son una realidad en algunos países, sus ideas no eran tan descabelladas puesto que se basaban en principios tan fundamentales e inalienables como la razón y la dignidad; si por casualidad navegase un poco por internet y diese con este blog, me gustaría dedicarle un emotivo saludo: hay mucho de heróico en saberse un tipo de carisma nulo y subirse a un estrado para luchar, armado tan solo con razones, a favor de una humanidad más lógica y justa.

Reset

No hay definición en la RAE, pero si en Wikipedia:

Reset, del inglés reponer o reiniciar. Se conoce como reset a la puesta en condiciones iniciales de un sistema.


Aunque en este caso no me propongo hablar del conocido reset informático, sino del reset cinematográfico que han sufrido numerosas franquicias en los últimos años.


El cine es un medio de expresión, que a veces (y según que puntos de vista) puede ser arte, pero que fundamentalmente es una industria que mueve ingentes cantidades de dinero; uno de los inventos más lucrativos del cine son las franquicias, series de películas temáticas que generan enormes beneficios tanto en taquilla como fuera de ella, en forma de libros, juegos de ordenador y consola, merchandising, etc...

Las franquicias son habitualmente despreciadas por gran parte de la crítica seria y por muchos espectadores que ven en ellas simples fábricas de churros; sin embargo, han demostrado ser un negocio más que efectivo en cuyo seno se han formado numerosos cineastas y que a menudo han aportado obras más que notables al medio: las grandes productoras se quiebran la cabeza para encontrar el cocktail perfecto que origine una nueva franquicia duradera, o, en su defecto, revitalizar las que ya tienen, que es el tema que nos ocupa ahora.

¿Como revitaliza uno una franquicia con muchos años de andadura? Es habitual que, cuanto más tiempo pasa, peores son los productos asociados a dicha franquicia; las ideas se agotan y en la búsqueda de nuevos impulsos a menudo aparece el esperpento como remedio, empobreciendo de forma drástica la saga (salvo algunos casos en que se hace de forma totalmente consciente y autoparódica, como en la infravalorada Alien 4 de Jeunet)

Sin embargo, en los últimos tiempos Hollywood se ha sacado de la manga el reset para dar nuevos aires a viejas franquicias, el reinicio de la saga, manteniendo las ideas de base y mezclándolas con conceptos más modernos que puedan generar nuevas legiones de seguidores.

El proceso ya era habitual en otros medios: cualquier aficionado al cómic de superhéroes se ha encontrado con más de uno y más de dos resets en los personajes de toda la vida; Superman, Batman, Spiderman y un largo etcétera han sufrido mil y una reinvenciones, algunas realmente notables y otras mediocres, pero que han permitido a los personajes sobrevivir hasta nuestros días.

Tampoco es algo exclusivo del cómic; es una tradición inmemorial literaria el reinventar historias universales en cada nueva generación de artistas. Pongamos como ejemplo los mitos artúricos, que reaparecen en la literatura cada cierto tiempo desde la edad media, desde las oscuras referencias anteriores al siglo XI hasta las novelas de Marion Zimmer Bradley en nuestros días, pasando por Chrétien de Troyes, Sir Thomas Malory, Alfred Tennyson y un largo etcétera.

En cada época, el mito ha sido reinventado según los parámetros morales y sociales del momento; las historias de Troyes son crónicas cristianizantes de andanzas heróicas, típicas del relato caballeresco, la obra de Mallory se adentra más en el drama galante, Tennyson da una versión romántica propia del siglo XIX y Bradley reescribe por completo el mito desde un punto de vista feminista y pagano.


Una de las primeras sagas cinematográficas que ha hecho reset en la última década ha sido de la de Batman, y con inmejorables resultados; salvo las 2 primeras incursiones de Tim Burton, que logró un Batman excéntrico, gótico y divertido, la saga renqueaba desde mediados de los 90 con 3 películas cada vez peor escritas y más esperpénticas.

La labor de continuar la saga recayó en manos de Christopher Nolan, que decidió ofrecernos una visión del personaje mucho más realista y oscura que las anteriores, introduciendo elementos de cine negro, de serial de espías a lo Fritz Lang e incluso de reflexión social y moral acerca del miedo, la manipulación y el poder.

Si Batman begins era ya una película realmente estimable, con un héroe vulnerable y lleno de dudas, y unos malvados visionarios y con pretensiones de héroes en su sagrada misión de limpiar la sociedad, su secuela El caballero oscuro se convirtió en una de las películas más interesantes de los últimos años; con un estilo visual sencillo y directo, siempre puesto al servicio de la historia, Nolan nos sumergió en una Gotham moderna puesta en jaque por un Joker despiadado, cuya capacidad para la manipulación y el caos recuerda mucho a la de los modernos terroristas; pero más oscuros e interesantes aún eran los supuestos héroes de la función, tan llenos de ambición como su antagonista: "puedes morir como un héroe o vivir lo suficiente para convertirte en villano", dice uno de los personajes, una frase memorable que pone en evidencia la distancia tan corta que existe entre ser un salvador e ídolo de masas o un tirano (que se lo cuenten al Che y a Fidel, por ejemplo)


La franquicia más antigua que aún sigue en pie, la del incombustible agente secreto James Bond, no dejó pasar la oportunidad y se apuntó al carro de los reset con resultados dispares; cuando Bond nació cinematográficamente, alla por 1962, causó sensación por ser el héroe más frio, cinico, amoral, violento e hijoputesco que había pisado la pantalla; aquel Bond no tenía inconveniente en cepillarse a tres o cuatro mujeres por película o matar a sangre fría a quien se pusiera por delante, para después soltar algún chascarrillo lleno de mala baba, tomarse un copazo de martini con vodka o fumarse un cigarrito como si no hubiera pasado nada.

Semejante personaje tenía que caer, tarde o temprano, en el terreno del esperpento, y lo hizo con desparpajo ya desde los tiempos de Sean Connery: a partir de Goldfinger, cada nueva película era más desopilante y excéntrica que la anterior, hasta llegar al delirio en Sólo se vive dos veces, donde Bond se enfrentaba a su archienemigo Blofeld, número uno de Spectra, junto a un ejército de ninjas modernos armados con pistolas de cohetes que le ayudaban a destruir una base secreta oculta en un volcán apagado...

Bond ha sido, precisamente, la serie que más intentos de reset ha sufrido; cuando Connery abandonó la franquicia tras Sólo se vive dos veces, los productores trataron de hacer un Bond más humano, que se enamora y se casa en Al servicio secreto de su majestad... aunque volvería a las andadas de la comedia de acción posteriormente, para ir descarriandose cada vez más encarnado por un Roger Moore que convirtió al personaje en un sátiro de elegantes formas que sale airoso del enfrentamiento con mil y un malvados cuyos planes son cada vez más absurdos... Con Timothy Dalton se intentó de nuevo volver al Bond hosco y serio con un toque trágico, pero la mala elección de guionistas y director dio al traste con las pretensiones, para volver al estilo paródico de Moore con Pierce Brosnan.


Viendo el éxito del reset de Batman, y con la saga de Bourne como referente dentro del mundo de espías, los productores de Bond encontraron el marco ideal para reiniciar por completo al personaje, dandole de nuevo un caracter hijo de puta, violento y trágico, muy acorde con los nuevos tiempos; el nuevo Bond, encarnado por un Daniel Craig que comparte con el primigenio Connery una masculinidad animal e incorrecta, es duro, cínico, manipulador, y no duda en usar a amigos y enemigos por igual para lograr sus fines; Casino Royale y Quantum of solace son dos películas estimables (en mi opinión más la primera que la segunda), aunque no perfectas, pero cuyo éxito en taquilla augura la presencia de Bond por muchos años en la cartelera.

Otro ejemplo es la resurrección de una serie incombustible que parecía abocada a la extinción en su vertiente cinematográfica, tras muchos años de andadura: Star Trek. Las aventuras del Enterprise parecían haber sido explotadas hasta los límites permisibles, y solo quedaba una posible vía de escape: el reset.

Así, la nueva película de Star Trek, obra del padre de Lost J.J. Abrams, se saca de la manga un universo alternativo muy en la linea de la propia serie y del mundo de los comics ("what if...?"), donde se nos cuentan las primeras andanzas de unos Kirk, Spock, McCoy y cia totalmente rejuvenecidos (y cuyos comportamientos son excesivamente adolescentes) en una entretenida película que ha conseguido atraer a un público más jóven a las salas y que promete generar numerosos ingresos en los próximos años.


Así pues, a pesar de tropezones como Superman (cuya gravedad y tratamiento dramático fue muy en detrimento de sus resultados en taquilla) tenemos franquicias y sagas para rato, no solo con las que ya han sido puestas al día y las que mantienen su linea, sino con las que vendrán: en los próximos años se prevee el lavado de cara para Robocop, Conan y un largo etcétera...

Recordemos que este tipo de series permiten el mantenimiento económico de muchos estudios y productoras y favorecen la formación de numerosos profesionales: en el pasado gente como Tim Burton, James Cameron, Ridley Scott, John Boorman, David Fincher, Steven Spielberg y un largo etcétera ha podido encontrar su sitio en el panorama cinematográfico gracias a su participación en alguna de estas sagas... que duren por muchos años y sepan cambiar con el tiempo, uno siempre se puede llevar sorpresas.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Anime - Record of the Lodoss War: aquellas tardes de dados y bocadillos

Hubo un tiempo, durante mi adolescencia, en el que practicaba el sagrado ritual dominguero de la partida de rol; eran tardes en las que, entre el sonido de los dados y las migas de los bocadillos, vivíamos emocionantes aventuras en mundos fantásticos poblados por orcos, dragones y elfas ligeritas de ropa.


Hace poco he recuperado en DVD una serie mítica de los 90, Record of the Lodoss War, esto es, Dragones y Mazmorras a la japonesa; no se trata precisamente de la historia más original de la espada y brujería, es más, la saga está concebida por reconocidos roleros e inspirada en sus propias campañas: un grupo de héroes arquetípicos (guerrero, ladrón, mago, enano, curandero y elfa ligerita de ropa) se enfrentan a mil y un peligros para salvaguardar la isla de Lodoss, un territorio continuamente en lucha surgido hace miles de años como consecuencia de la cruenta guerra entre las fuerzas de la luz y la oscuridad.


A pesar de su simpleza, la serie mantiene su encanto gracias a un trabajado diseño de personajes y a un trasfondo fantástico lleno de subtramas y detalles, amén de un animación muy superior a la media de los productos japoneses de la época, en la que destacan el cuidado vestuario y el impresionante y fastuoso diseño de las criaturas mágicas.


Sin embargo, echo de menos no haber podido ver esta serie completa en su momento, hace casi 20 años. Estoy seguro de que hubiera disfrutado y me habría emocionado de forma mucho más sana y honesta... a día de hoy no me sobran precisamente romanticismo y optimismo a la hora de contemplar una obra, sea cual sea su medio; mi visión se ha vuelto cínica y oscura, con poca o ninguna cabida para la nobleza y la heroicidad espontánea y desinteresada tan habitual en estos relatos; uno solo sube una vez al Monte del Destino, y si sobrevive al trayecto, a la vuelta ya nada se ve igual.

Aunque hay que reconocer que, hasta cierto punto, esta serie se ve enriquecida por las motivaciones de sus personajes malvados, que a veces muestran amor y nobleza igual que los "buenos", o que albergan extrañas ambiciones (por ejemplo la bruja inmortal Karla, cuyo país fue pasto de la guerra en la lucha por el poder de la isla, y que a lo largo de los siglos se dedica a sembrar la semilla de nuevos conflictos para que nunca nadie sea amo absoluto de la tierra y el poder cambie de manos constantemente) También hay momentos para la violencia extrema y sus consecuencias nada complacientes (es una serie en la que mueren personajes protagonistas, villanos, héroes y gente inocente por igual)

En definitiva, una bonita incursión en las aficiones adolescentes, que empaño de cierta manera yo mismo con mi visión excesivamente pragmática y poco romántica, pero que por momentos es capaz de transportarme a aquellas tardes de domingo y hacerme desear que no hubiesen transcurrido 20 años de aquello.

Os dejo un trozo del primer episodio:

Empezando un nuevo blog...

...para comentar todo lo que se me ocurra, en especial acerca de noticias de actualidad, cine, televisión y literatura (barata, por supuesto)