de Masaaki Kobayashi (1962 - 1967)
El chambara era un género popular, pero, como ya demostrase Kurosawa, también podía ponerse serio y convertirse en vehículo para la crítica social y la reflexión, al igual que su género hermano el western. Tal es el caso de estas dos películas ejemplares de Masaaki Kobayashi, dos verdaderos dramas trágicos acerca de la rigidez del sistema feudal, cuyos ecos se expanden a la cultura japonesa en general: Kobayashi critica el presente desde el pasado, mostrandonos un pueblo atado a costumbres inhumanas, represivas y a veces arbitrarias que solo benefician a quienes ostentan el poder y contra las cuales no queda sino rebelarse, aunque las recompensas a tal afrenta sean la deshonra y la muerte.

La primera de ellas, Harakiri (Seppuku) brinda el protagonismo a un formidable Tatsuya Nakadai en uno de sus primeros roles principales dentro del género (a partir de aquí se convertiría en una estrella absoluta del chambara, aunque antes ya había dado la réplica a Mifune en Yojimbo y Sanjuro) como un samurai caido en desgracia que entra a una casa feudal con la intención de cometer suicidio ritual (Seppuku, más popularmente conocido como Harakiri) Antes de morir, este personaje cuenta la triste historia de su yerno y de como fue obligado a cometer seppuku de forma brutal con una espada de bambú, puesto que las circunstancias le habían obligado a vender la suya para mantener a su familia.

La película es increible en todos los aspectos, empezando por un guión milimétrico que funciona a nivel de thriller, de desarrollo de personajes y de crítica al estamento samurai; la fotografía y la música son fantasmagóricas y acompañan perfectamente a un realización poco menos que magistral que culmina en un baño de sangre brutal y despiadado.

Samurai rebellion no le va a la zaga; repite gran parte del mismo equipo técnico y artístico, y protagoniza esta vez un inolvidable Mifune en una de las mejores interpretaciones de su carrera, con Nakadai en un papel secundario. La película cuenta la historia de un veterano samurai (Mifune) que recibe un encargo especial de su señor: acoger en su casa a una de sus concubinas, que le ha agredido físicamente y a la que no quiere ver más, y casarla con su hijo mayor.

Aunque al principio padre e hijo aceptan a regañadientes, enseguida empiezan a admirar el caracter fuerte y libre de la concubina, a la que acaban amando profundamente como hija y mujer respectivamente. Sin embargo, el señor decide recuperarla para si, pero su nueva familia no entiende esta decisión cruel y arbitraria; el veterano samurai se opone a una decisión de su amo por primera vez en su vida, y se preapra para sufrir las peores consecuencias, aunque prefiere morir defendiendo lo que es justo y no aceptar nunca más ser el siervo de un tirano.

Se trata de sendas joyas del cine nipón que ningún aficionado debería perderse y que se encuentran en la cumbre del género.
Samurai assasin/Sword of doom/Goyokin/Hitokiri de Kihachi Okamoto y Hideo Gosha (1965 - 1966 - 1969)

Más cine crítico con el estamento samurai, aunque más centradas en la acción, y transitando a menudo el terreno del cinismo, la amoralidad y el nihilismo. Okamoto y Gosha son dos autores de formas y temáticas diferentes, aunque unidos por su visión crítica de la historia y su formidable habilidad para rodar espectaculares escenas de acción y baños de sangre.
El primero fue el recambio de Kurosawa cuando este dejó el género, y contó casi con el mismo equipo de guionistas y similares técnicas de rodaje, aunque incorporó un estilo propio cercano al de aquel; el segundo provenía de la televisión y poco a poco fue convirtiéndose en un imprescindible del género, con un estilo más efectista y fantasmagórico pero por momentos fascinante.
En estas cuatro películas cuentan con la participación de los mejores actores del género: Toshiro Mifune (Samurai assasin, Sword of doom), Tatsuya Nakadai (Sword of doom, Goyokin, Hitokiri), Tetsuro Tamba (Goyokin), Kinnosuke Nakamura (Goyokin), Shintaro Katsu (Hitokiri)... Hitokiri incluso cuenta con la participación del famoso escritor Yukio Mishima, que se suicidaría mediante seppuku un año después del rodaje de esta película.
En estas cuatro películas presentan protagonistas y temáticas diversas, pero que coinciden en mostrar al estamento samurai como una clase corrupta y capaz de cualquier cosa para lograr y mantener el poder:


Samurai assasin nos presenta a un Mifune que desea convertirse en alguien importante; para ello se enrola en un grupo de conspiradores con la intención de matar a un oficial del Shogun con la intención de derrocar un régimen corrupto, pero los métodos de los conspiradores no distan mucho en brutalidad al de sus enemigos.


En Sword of doom Nakadai interpreta a un samurai mercenario, despiadado y psicopático que va dejando tras de si un reguero de cadáveres y gente herida emocionalmente; Mifune es un veterano maestro de espada que entrena a una de sus víctimas para buscar venganza.

Goyokin, también interpretada por Nakadai en su papel principal, nos muestra la conspiración de un clan para robar un barco cargado de oro perteneciente al Shogun; el jefe del clan (Tetsuro Tamba) decide matar a todos los aldeanos implicados a la fuerza, lo que ocasiona un terrible dilema moral al personaje de Nakadai.

En Hitokiri Shintaro Katsu se pone al servicio de un despiadado jefe samurai (Tatsuya Nakadai) para intentar salir de sus apuros económicos, convirtiéndose en una marioneta del clan; obligado a cometer atroces asesinatos para ellos, va perdiendo su humanidad poco a poco y comienza a odiar con todas sus fuerzas a sus amos y a si mismo.

Kill!/Red Lion
de Kihachi Okamoto (1968 - 1969)
La visión ultracrítica de Okamoto tenía que derivar, antes o después, al terreno de la sátira, en este caso sangrante: estas dos películas oscilan entre lo cómico y lo trágico, salpicadas de un enorme sentido del humor negro y grandes escenas de acción. En ambas no queda ya sitio para la redención de los samurai como estamento, todos son corruptos y manipuladores por naturaleza, salvo aquellos que se oponen y se han apeado del estamento o los más jóvenes, cuyo ingenuo idealismo es usado maliciosamente por sus superiores para cometer atentados y cargar con sus culpas.
Además, Okamoto se pone descaradamente de parte de los campesinos, de los aldeanos, de las prostitutas, de los comerciantes, de la gente de a pie, de aquellos que sufren las arbitrariedades e injusticias de las luchas por el poder de los samurai.

Kill! es, de entrada, casi una parodia de películas de samurais previas; inspirada en el mismo relato que dió pie a Sanjuro, la película comienza homenajeando claramente a la primera película de Kurosawa sobre el personaje (Yojimbo): un samurai errante entra en un pueblo asolado por la lucha entre dos bandas yakuzas (casi con la misma planificación que en Yojimbo y con música parecida) pero su entrada es aún más humorística que la de aquel, puesto que anda tan muerto de hambre que le suenan las tripas a cada paso.

Por el otro lado del pueblo entra un yakuza (Tatsuya Nakadai) al que también le suenan las tripas, y ambos se quedan parados en medio de la calle onnubilados ante la presencia de un pavo que les hace mover los jugos intestinales. Después resulta que el samurai no es un samurai, sino un campesino con ganas de serlo, y el yakuza no es un yakuza, sino un ex-samurai que intenta persuadirle de que la vida de los samurai no es lo que él cree...

Además de una trama llena de vericuetos y homenajes-parodia a numerosas películas previas y un buen puñado de reflexiones sobre la crueldad ejercida durante siglos sobre el pueblo nipón por sus gobernantes, Kill! cuenta con una gran ambientación y dirección y una excelente interpretación de un Nakadai simpático y más ligero de lo habitual.

Red lion comienza en el momento histórico de la caida del shogunato y la restauración imperial; la alegría reina por las calles, la gente de a pie baila y canta durante días celebrando la caida del brutal régimen. Gonzo, un campesino torpe y bocazas (Toshiro Mifune) vuelve a su pueblo a anunciar la buena nueva, disfrazado como un oficial del Emperador (con un casco que posee una enorme melena roja que da nombre a la película)

Al regresar a su aldea, la encuentra sometida a un gobernador corrupto y una caterva de aduladores; sin embargo la gente de a pie ve en él un libertador, y Gonzo, convencido de que el Emperador no permitirá tanta desgracia para la gente y le enviará ayuda, decide levantar el pueblo en armas contra sus opresores. Sin embargo, la ayuda tarda cada vez más en llegar, y Gonzo empieza a sospechar que, como dice uno de los personajes, "lo único que ha cambiado es el color de los estandartes"...

Okamoto aprovecha el histrionismo de Mifune para hacer de Gonzo un icono del japonés medio de entonces, ingenuo, crédulo, fácil de emocionar o entristecer, como un niño con el que los mandamases juegan a su antojo. Como siempre, dirección, fotografía y puesta en escena son de primera.
Lone wolf and cub
(1972 - 1974)

Llegados principios de los 70 el cine de samurais y todo el cine japonés se encontraba sumido en una terrible crisis económica que empobrecía cada vez más el aspecto de las producciones medias; además, en el cine de samurais había ya cierto cansancio y repetición, así que los guionistas y directores buscaban cada vez conceptos más bizarros y salidos de madre.

En medio de este panorama apareció esta serie adaptada de un famoso manga, protagonizada, como recambio "barato", por el hermano de Shintaro Katsu, Tomisaburo Wakayama, y dirigida por varios de los artesanos habituales de la serie de Zatoichi.

La serie sigue la historia de Ogami Itto, verdugo del Shogun, que es acusado falsamente y obligado a suicidarse junto a toda su familia; Itto se niega y consigue escapar junto a su hijo pequeño Daigoro, para convertirse en un brutal ronin al servicio del mejor postor que recorre el país con un carrito de niño lleno de armas.

Los parámetros de la serie son muy simples en su planteamiento inicial: gore y violencia a raudales. Sin embargo la serie cuenta en ocasiones con unos toques tan originales y bizarros que por momentos se transforma en una obra surrealista y fascinante, como un chambara dirigido por Jodorowsky; esto no impide que, con el paso del tiempo, la calidad media de cada entrega se valla empobreciendo y cayendo en ocasiones en el exploit mas chabacano, canibalizando elementos de otras partes de forma muy poco sutil.

Aun así, la saga se merece su estatus de culto por sumergirnos en un Japón medieval totalmente único y que parece por momentos una realidad alternativa, propia de la fantasía heroica o la espada y brujería. La influencia de la saga en el cine de acción posterior es notabilisima, llegando sus ecos a oirse aun hoy en díaen películas como Ashes of time de Wong Kar Wai o Kill Bill de Quentin Tarantino.
Trilogía del samurai
de Yoji Yamada (2002 - 2006)

El final de la década de los 70, los 80 y los 90 no fueron un muy buen terreno para el chambara, que o bien transitó el terreno de la parodia y la mezcla bizarra o el del clasicismo un tanto fuera de contexto, aunque hubo algunas otras películas de época memorables centradas en la figura del samurai (Kagemusha, Ran) que no pueden considerarse propiamente chambaras.

Durante los últimos años, Yoji Yamada, un veterano y popular director japonés más centrado en la comedia y el drama costumbrista, sorprendió al público con una trilogía de películas sobre la figura del samurai que rescataba una narración clásica y pausada, con una visión crítica del entorno, pero centrada más en el aspecto humano antes que la crítica despiadada habitual en las obras de Kobayashi, Gosha u Okamoto.
Estas tres películas son algo así como lo que es Sin perdón al western, aunque sus personajes sean menos oscuros que Will Munny, constituyen una especie de reflexión sobre todo el género, retomado allí donde lo dejaron los cineastas antes mencionados a finales de los 60; los personajes de esta trilogía son samurais de clase baja, que no sienten mucho aprecio por sus señores ni por su trabajo, y que se encuentran en un mundo en decadencia (finales del siglo XIX) donde el sistema feudal prácticamente carece de sentido. Estos personajes incluso desean dejar de ser samurais y vivir una vida sencilla, pero siempre se interponen los intereses del clan que los obligan a penosas tareas.La primera de ellas, El ocaso del samurai (Tasogare Seibei) nos presenta a un humilde samurai viudo de la clase más baja que trabaja como burócrata para su señor y tiene que hacer pequeños trabajos manuales para mantener a sus dos hijas y a su madre senil. Cuando Tomoe, el amor de su vida, se divorcia, se abre una nueva esperanza para él, pero sus deberes como samurai se interponen en su camino: debe exhibir su habilidad con la espada en una misión sucia para su señor.

En la segunda, The hidden blade (Kakushi ken oni no tsume), se nos presenta otro samurai de clase baja que sobrevive como puede y que no alberga grandes ambiciones; también tiene cargas familiares: su madre, su hermana y una joven sirvienta de la que está secretamente enamorado. Un día recibe una misión inesperada: la de acabar con la vida de un anitugo compañero y amigo.

La tercera, Love & Honor (Bushi no ichibun) está protagonizada por otro samurai de bajo rango encargado de catar la comida de su señor, que queda ciego a causa de una infección alimentaria. A partir de entonces es relegado del clan, y su mujer se ve obligada a vender su cuerpo a uno de sus antiguos jefes para conseguir que le suba la pensión a un salario digno; cuando el marido se entera, enfurece y decide vengarse a pesar de su ceguera.

Todas las historias están inspiradas en novelas de Shuhei Fujisawa, un escritor del siglo XX muy popular en su país que analizó la figura del samurai desde una perspectiva histórica y reflexiva; la dirección de Yamada es directa y sencilla, haciendo hincapié en los sentimientos de sus personajes antes que en la acción que, cuando irrumpe, lo hace de forma abrupta y brutal, exhibiendo toda la fealdad de la violencia y como afecta a quienes la ejercen.
Excelente blog, he visto alguans de estas grandes peliculas y son demasiado buenas e incansables de ver, ya he visto Harakiri como 10 veces.
ResponderSuprimirSaludos.
Gracias por el comentario! Espero que te pases más a menudo por aquí :)
ResponderSuprimira mi me gusto mucho el samuray fujitivo es inpresionante su realizacion espero la puedan repetir en la television es muy buen en verdad atte: luismorales
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