lunes, 8 de febrero de 2010

Cine oculto - Filón de plata


La serie B americana de los años 40 y 50 sigue siendo a día de hoy todo un ejemplo de audacia y creatividad para cualquier cinéfilo que se precie y una inagotable fuente de influencias que resuenan en el cine actual; reutilizando decorados de otras películas, con actores poco conocidos o secundarios como protagonistas, con presupuestos muy inferiores a la media y tiempos de rodaje ajustadísimos, las películas de serie B estaban concebidas como acompañamiento para programas dobles, per estas particularidades de producción permitían a sus creadores mucha más libertad a la hora de concebirlas.

El productor Benedict Bogeaus produjo una serie de películas de bajo presupuesto durante los años 50 con muy buenos resultados, asociado habitualmente con Allan Dwan, pionero todoterreno del cine con más de 400 películas en su haber, director de Filón de plata y de otra excelente película para Borgeaus, Ligeramente escarlata.


Filón de plata fue uno de los numerosos westerns que surgieron en aquella época inspirados por el éxito de Solo ante el peligro, partiendo de una premisa similar: Dan Ballard (John Payne) es uno de los personajes más respetados de una pequeña y tranquila localidad que va a contraer matrimonio con Rose Evans (Lizabeth Scott) Ese mismo día se presenta en la ciudad Ned McCarty (Dan Duryea), US Marshall acompañado de cuatro hombres que trae una orden de arresto contra él por asesinato y robo de 20.000 dolares. Paulatinamente los habitantes de la localidad empiezan a desconfiar de Ballard a pesar de los métodos poco ortodoxos de McCarty, terminando por declarar una verdadera cacería contra Ballard, que insiste en su inocencia y pide una y otra vez que se envíen telegramas a la ciudad donde se cometió el crimen para aclarar lo sucedido.

Filón de plata destaca por numerosos aspectos; no solo es un western vibrante y entretenido, sino que además es un nada disimulado alegato contra la caza de brujas del senador McCarthy que se estaba produciendo en aquel momento, y en la que mucha gente honrada e incluso verdaderos héroes de guerra fueron puestos en entredicho de forma anticonstitucional acusados de pertenecer al partido comunista y ser "antiamericanos".


El personaje de Ned McCarty (cuyo parecido nominal con McCarthy evidentemente no es casual) es la quintaesencia del acosador y manipulador que esconde sus motivos detrás de hermosos conceptos como "justicia" o "seguridad", tejiendo una hábil telaraña en torno a Ballard a base de medias verdades y mentiras, aprovechando cualquier descuido, fallo o error de su víctima para convertirlo en un enemigo público a ojos de sus vecinos; estos no salen mucho mejor parados, quedando a menudo como una caterva ignorante, mezquina y envidiosa que siempre ha deseado, ocultamente, ver hundido a su héroe local.

El guión, hábilmente escrito, tampoco nos muestra a Ballard como un héroe intachable y sin mácula, sino como un tipo que ha cometido errores que son empleados por su acosador para hacerlo parecer una amenaza pública; en este ambiente paranoico, las únicas personas que confían en Ballard son su prometida y la puta local (Dolores Moran) que demuestra ser mucho más honesta que la gente "respetable" del pueblo.

La dirección de Allan Dwan es por momentos la de un fino estilista, con unas composiciones muy cuidadas y unos asombrosos travellings laterales que muestran la indefensión de Ballard perdido por las calles del pueblo mientras sus habitantes, antes amigos suyos, se preparan para darle caza. La fotografía es obra de John Alton, un excelente director de fotografía curtido en el cine negro que es capaz de retratar el pueblo, enclavado en plena naturaleza, como un paraje que se convierte paulatinamente en un entorno opresivo y cruel.


En el lado interpretativo destaca Dan Duryea como el ladino McCarty; Duryea es un clásico del cine negro y el western que empleó su figura enjuta, su mirada torcida y su voz socarrona para retratar numerosos villanos, pistoleros y matones durante los 40 y 50. También merecen atención Dolores Moran como la deslenguada prostituta Dolly y John Payne como un Ballard que oscila entre la calma y el tormento. La película cuenta además con la presencia de numerosos secundarios habituales del western: Harry Carey Jr., Stuart Withman, Emile Meyer...

En definitiva, una pequeña joya cinematográfica, reseñada por Martin Scorsese en su documental de cine americano clásico como un ejemplo de lo que se podía hacer con poco presupuesto y mucho talento; una película que se disfruta tanto por su bien dosificada intriga y acción como por sus jugosas reflexiones políticas, morales y sociales.

6 comentarios:

  1. Sin duda alguna, uno de los mejores westerns de serie b de los 50.

    El travelling que sigue a Payne por las calles es simplemente orgásmico.

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  2. A día de hoy el personal crítico más informado alucina con los planos-secuencia, y en la serie B de entonces eran habituales porque tenían que rodar rápido y económico... ¡¡¡quien les iba a decir que se convertirían verdaderos estilistas marcadores de tendencias!!!

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  3. Pues sí.

    Si quieres ver otra magnífica con abundancia de planos secuencia, te recomiendo The Halliday Brand, de Joseph H. Lewis. Está disponible por ciertos prados verdes como "Odio contra odio".

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  4. Razón llevais. Comentando otras series B de Lewis precisamente con planos de una modernidad alucinante es El demonio de las armas. La secuencia del atraco deberían verla todos los directores primerizos con poca pasta para que sepan lo que es verismo, inmediatez y frescura narrativa, sacada precisamente de la limitación. Por cierto Toshiro, enhorabuena por este rincón. Te seguiremos con interés.

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  5. Hombre, Groucho! La secuencia que comentas de El demonio de las armas es un verdadero clásico. Que grandes eran estos tipos, Lewis, Dwan, de Toth...

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