5.- Mulholland Dr.
(Mulholland Dr., 2001) de David Lynch
(Mulholland Dr., 2001) de David Lynch
Rita (Laura Harring) es una mujer que ha quedado amnésica tras un accidente de coche y que termina siendo acogida en su apartamento de la ciudad de Los Angeles por Betty (Naomi Watts), una jóven aspirante a actriz. A partir de ese momento ambas mujeres se ponen a investigar la identidad de Rita, sumergiéndose poco a poco en la cara más extraña y pesadillesca de la ciudad de los sueños e iniciando una extraña relación afectiva y sexual.
Una de Lynch, más Lynch que nunca; este señor se les atraganta a muchos espectadores por su acercamiento surrealista y marciano a los temas que trata, nunca evidentes, siempre subterráneos. Sin embargo a mi tanto su temática como su estilo me resultan fascinantes; Mullholand drive es una película casi hipnótica, un recorrido onírico por los miedos y anhelos de sus dos personajes principales narrado con un sentido único del ritmo y la puesta en escena.
4.- Dogville
(Dogville, 2003) de Lars Von Trier
(Dogville, 2003) de Lars Von Trier
Dogville es un pequeño pueblo de la América profunda cuyos habitantes viven en el más absoluto de los conformismos, repitiendo esquemas y actitudes socialmente aceptadas y ocultando sus miedos y aspiraciones. Un buen día irrumpe una hermosa fugitiva, Grace (Nicole Kidman), que solicita ser aceptada dentro de la comunidad; Tom Edison (Paul Bettany) es un joven intelectual del pueblo hastiado de la vida en el lugar, y ve en Grace la salvación para la pequeña aldea; Grace es aceptada dentro de la comunidad a petición de Tom, pero a cambio debe ayudar a los lugareños en sus tareas habituales.
Lars von Trier es un cineasta provocador y a menudo gamberro, un tipo que se salta todas las reglas cinematográficas y que emplea cualquier recurso según le venga en gana; en este caso llevó su experimentación al límite, eliminando los decorados y mostrándonos Dogville como un enorme estudio con los límites de las casas y los caminos pintados con tiza en el suelo. El resultado es brutal e inquietante: la ausencia de paredes nos permite observar como testigos mudos lo que sucede en el interior de cada casa mientras la vida del pueblo sigue su curso aparentemente normal.
3.- Inteligencia Artificial
(Artificial Inteligence: AI, 2001) de Steven Spielberg
(Artificial Inteligence: AI, 2001) de Steven Spielberg
Estamos en un futuro no muy lejano; el hijo de Monica y Henry se encuentra en estado de animación suspendida, aquejado de una terrible enfermedad. Para sustituirlo, adquieren a David (Haley Joel Osment), un androide con el aspecto de un niño de 11 años programado para dar cariño y amar a sus padres de adopción. Cuando su hijo real se recupera, David se convierte en un problema, y termina siendo abandonado en una carretera solitaria.
Spielberg siempre ha sido un director puntero en el aspecto visual y técnico, pero en la última década hay que añadir a sus virtudes el abordamiento de temáticas cada vez más oscuras y arriesgadas y alejadas del conformismo sentimentalista de algunas de sus obras precedentes. Inteligencia Artificial es una película desoladora sobre la condición humana, muy mal entendida por gran parte del público, que creyó entender un final feliz cuando la conclusión de la película es absolutamente demoledora y desesperanzada... La puesta en escena y el mundo futuro presentado es tan terriblemente reconocible como fascinante, componiendo una de las piezas más importantes de la ciencia ficción de los últimos tiempos.
2.- Ciudad de Dios
(Cidade de Deus, 2002) de Fernando Meirelles
(Cidade de Deus, 2002) de Fernando Meirelles
Ciudad de Dios nació en los 60 como un proyecto gubernamental, un barrio nuevo donde alojar a la creciente superpoblación de Rio de Janeiro; pero 20 años después se había convertido en la favela más violenta y embrutecida del país, imperando la ley de las armas y con un índice de criminalidad por las nubes. Esta es la historia de dos chavales de la favela, Buscapé y Ze Pequeño, y de todos los personajes y situaciones que les rodean y les llevan a tomar caminos muy diferentes en la vida.
Fernando Meirelles sorprendió al mundo a principios de la década con este formidable e implacable retrato de la vida de una favela, repleta de historias cruzadas y personajes memorables, narrada con un estilo entre lo documental y lo rabiosamente moderno, y colocando el punto de mira sobre el cine brasileño. Aunque el número de personajes es abundante y las situaciones se suceden con un ritmo endiablado, el guión está tan bien escrito, las interpretaciones son tan intensas y la dirección tan acertada que las dos horas y cuarto de metraje se pasan en un suspiro.
1.- Hijos de los hombres
(Children of men, 2006) de Alfonso Cuarón
(Children of men, 2006) de Alfonso Cuarón
Año 2027: la humanidad ha quedado misteriosamente estéril, no nace ningún niño desde hace 18 años, y el habitante más jóven del planeta ha muerto en una pelea callejera. Theo Faron (Clive Owen) es un hombre de mediana edad, cínico y desencantado, que sobrevive en medio de una sociedad cada vez más radicalizada. Un buen día recibe una llamada de su ex-mujer, una revolucionaria anti-sistema que le involucra en una misión de vital importancia para el destino de la raza humana.
Alfonso Cuarón es un cineasta todoterreno que ha regalado varias obras interesantes en todos los géneros que ha tocado, pero que alcanzó la cima de sus habilidades con esta increible película que pasó sin pena ni gloria y cuyo estaus de culto crece cada día. Hijos de los hombres es una de las reflexiones más certeras y tristes sobre los males actuales del mundo civilizado, sobre la decadencia, la falta de ideales y la radicalización de occidente, pero además está rodada de una forma portentosa, a base de larguísimos planos-secuencia que ponen la piel de gallina y crean una tensión dramática indescriptible; una de las mejores películas de ciencia ficción que he visto en mi vida (o más bien, política y sociología ficción), cuyo aspecto técnico habría firmado el mismísimo Kubrick.
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Evidentemente, una lista de este tipo siempre es injusta y subjetiva (recalcando lo que comentaba en la primera parte) Me da lástima que se me hallan quedado en el tintero otras grandes películas de la época que bien podrían haber entrado: El caballero oscuro, Mystic river, Master & Commander, Wall E, Olvídate de mi, Oldboy, La vida de los otros, Cartas de Iwo Jima, Munich, El pianista, Malditos bastardos, Pozos de ambición... ¡Ha sido una década muy provechosa!















Coincido en la gran mayoría de lo apuntado.
ResponderSuprimirMulholand Drive me gustó mucho, no es tan rayada como se dice, es inteligente y poliédrica, permite varias interpretaciones, todas ellas coherentes (ninguna tan breve como para explicarla ahora...)
Dogville me pareció muy dura, por ese tratamiento inmaterial, por la miseria de cada personaje, también por el ritmo, lento casi en exceso, pero que tiene su intención cruda y demoledora. Me gustó mucho.
A.I. me aburrió por el exceso de metraje. Spielberg me encanta, pero aquí el guión me parece que está llevado demasiado lento demasiado lejos demasiado desesperanzador.
Ciudad de Dios no me aburrió, por su buen ritmo, su buena música y las mil historias y vidas que llenan el metraje de mil anécdotas a cual más frenética.
Hijos de los hombres me encantó, es la ciencia ficción apocalíptica que más me gusta, con una decadencia que todavía puede albergarnos alguna sorpresa, una redención, algo de esperanza quizás.
Es curioso, pero leyéndote me he dado cuenta de que hay un nexo común en todas las películas que he comentado: no son precisamente optimistas acerca de la condición humana, muy al contrario, casi todas ellas muestran la sociedad moderna, con toda su fachada de corrección política y demás, como un foco de hipocresía, miseria y podredumbre.
ResponderSuprimirHabitualmente el cine, como cualquier otro arte, suele hacerse eco del sentir subterráneo de la sociedad en que se conciben las obras; este sentir se puede expresar de muchas formas, alegórica como Dogville, surrealista como Mullholand Drive, realista como Ciudad de Dios, o en clave de ciencia ficción como Hijos de los hombres e I.A.
El fondo último de todas ellas es la toma de conciencia de un problema de base: el ser humano no acepta su miseria, la oculta, la transforma, se busca chivos expiatorios, la esconde, y si alguien tiene el valor de exponerla, se lo lapida.
Quizá el cine de esta era quiere decirnos que sería un gran paso para la humanidad empezar a aceptar nuestras miserias en vez de encubrirlas, sólo así podríamos luchar contra ellas de una forma lógica y efectiva.