jueves, 10 de junio de 2010

Barrio lejano, de Jiro Taniguchi


Barrio lejano es un manga de Jiro Taniguchi publicado a finales de los 90 que narra la historia de Hiroshi Nakahara, un hombre de negocios de 48 años, que se encuentra en la estación de Kyoto para tomar un tren que le lleve de vuelta con su mujer y sus hijas en Tokyo. Sin embargo, coje el tren equivocado que le lleva de vuelta a su pueblo natal, una pequeña localidad de 50.000 habitantes.

Cuando se encuentra allí, decide visitar el cementerio local para rendir homenaje ante la tumba de su madre, pero le invade un extraño sopor que le hace caer dormido. Al despertar, es de nuevo un chaval de 14 años y se encuentra reviviendo el pasado desde su perspectiva de hombre adulto, encontrando numerosos matices en su vida que antes le habían pasado inadvertidos.

El verano que Nakahara está reviviendo marcó el final de su infancia y supuso la ruptura de su familia, cuando su padre, de forma inexplicable, abandonó a su familia para no volver jamás. Nakahara ve entonces una posibilidad única para impedir este hecho y comprender cuales fueron las motivaciones de su progenitor para tomar semejante decisión.
Taniguchi es uno de los autores de manga más apreciados, a pesar de ir totalmente a contracorriente de todas las modas del medio; aunque a veces hay cierto toque fantástico en sus obras, sus obsesiones se centran más en el retrato intimista de sus personajes y en el análisis de la influencia social y de la coyuntura de época sobre los mismos, con abundantes detalles posiblemente autobiográficos sobre la historia reciente de Japón y los cambios sufridos por su sociedad.
Barrio lejano es algo así como una mezcla entre una película de Yasujiro Ozu con el enfoque de una de Spielberg; como en las delicadas obras de Ozu, se trata de un drama costumbrista, centrado en el nucleo familiar y sus problemas cotidianos; sin embargo, la irrupción de lo fantástico invita a una reflexión a otro nivel, cuando las vivencias pasadas se ven desde la óptica de la madurez e incluso se ofrece la posibilidad de vivirlas por segunda vez y cambiarlas...

Lo cierto es que, ¿quien no ha deseado volver a su adolescencia para cambiar el curso de los acontecimientos y vivir la vida como hubiésemos deseado que fuera, en vez de como ha sido? Ese es el privilegio que le es concedido a Nakahara, el protagonista de la historia, cuya perspectiva de hombre adulto le hace comprender mejor los sucesos del pasado, y le permite darse cuenta de sus propias circunstancias presentes.
De la mano de este hombre adulto reconvertido a niño, Taniguchi nos plantea una serie de preguntas y reflexiones de hondo calado emocional: ¿conocemos realmente a nuestra familia? ¿Quienes son esos desconocidos con los que hemos convivido durante nuestra infancia y a lo largo de nuestra vida? ¿Quienes eran antes de que se convirtiesen en "papá" y "mamá"? Taniguchi hace un retrato tremendamente humano y carente de juicio sobre sus personajes (totalmente reconocibles más allá de las barreras culturales), a los que demuestra un enorme respeto en sus circunstancias y miserias.

La narrativa visual de Taniguchi es de lo más personal; la secuenciación de sus viñetas es muy clásica, sin estridencias, pero cada una de ellas es de una perfección milimétrica y contiene un enorme poder expresivo que a menudo basta por si solo para expresar una idea, sin necesidad de la palabra para subrayarlo. Volviendo de nuevo a Ozu, muchas de estas viñetas parecen inspiradas en los famosos planos de interiores del célebre cineasta japonés, siempre preocupado por la reacción del personaje y el pequeño detalle que refleja su estado de ánimo; la inspiración no es solo visual sino temática, puesto que asistimos a numerosas comidas y cenas familiares, excursiones veraniegas o conversaciones íntimas en habitaciones o pequeños bares.

Barrio lejano es una pequeña obra maestra del cómic; una novela gráfica intimista y melancólica que apela al recuerdo y a la reflexión sobre el camino de la vida, sobre los deseos insatisfechos, sobre aquello que deseábamos y aquello que al final fue, sin caer jamás en el sentimentalismo ni el exceso. Una obra que sorprenderá incluso a los detractores del medio por su perfecta factura y su excelente guión.

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