viernes, 4 de junio de 2010

Cine oculto - Dr. Jekyll y su hermana Hyde

 
Con semejante título, uno puede esperarse o bien una cochambre de serie Z o quizá una comedia gamberra sobre el clásico de Stevenson; sin embargo, se trata de una de las variaciones más bizarras e interesantes sobre el relato original, rodada en los tiempos de mayor desmelene temático y visual de la Hammer, célebre productora británica de cine de terror.


El joven doctor Jekyll  (Ralph Bates) dedica sus esfuerzos a conseguir una vacuna universal que acabe con las enfermedades víricas, sin salir de casa ni disfrutar de la vida; apesadumbrado por la cortedad de su existencia frente a semejante tarea, decide buscar una fuente de vida eterna que halla en las hormonas femeninas. Al probar su experimento sobre si mismo, se transforma en una voluptuosa mujer (Martine Beswick) y afloran a la superficie todos sus sentimientos hedonistas reprimidos; la señorita Hyde se convierte en una terrible asesina capaz de cualquier cosa para satisfacer sus ansias terrenales.


A finales de los 60 y principios de los 70 la Hammer se enfrentaba a una nueva forma de hacer cine de terror; sus fantasías góticas empezaban a estar pasadas de moda, de manera que, con la intención de atraer más gente al cine, cargaron las tintas en la violencia y el sexo, a parte de buscar cada vez argumentos y giros más impactantes. En esa coyuntura surgieron algunas de las peores y mejores obras de la productora, entre las que cuento a esta extraña y fascinante película.

El guión, pese a estar basado en una premisa poco creible, desarrolla el tema como si fuese un drama, ahondando en la psicología del personaje principal y aprovechando numerosos detalles de época para enriquecer la trama; así, hay ciertas analogías con Jack el destripador e incluso aparecen los famosos Burke y Hare que se dedicaban al tráfico de cadáveres.



Como casi siempre, la puesta en escena es fascinante: las imágenes victorianas de un Londres neblinoso unidas a una peculiar banda sonora, que huye de los tópicos musicales de la productora, crean una atmósfera fantástica casi perfecta.


La labor de su director, el veterano Roy Ward Baker, es realmente encomiable, transformándose en un estilista que auna clasicismo con modernidad con singular acierto; especialmente atractivos son los juegos de espejos que salpican toda la realización para subrayar la dualidad de Jekyll, llegando al sumum en algunas asombrosas transformaciones hechas a base de detalles, hábiles trucajes y elegantes movimientos de cámara.


Los intérpretes también están acertados, comenzando por un apocado y afeminado Ralph Bates capaz de transmitir toda la inseguridad de Jekyll y una Martine Beswick que, además de lucir el palmito, hace de Hyde una mujer fatal y terriblemente seductora. Los secundarios tienen la habitual profesionalidad y gracia de la Hammer, alternando sus personajes mugrientos y mezquinos con otros deliciosamente "british".

El resultado final, si bien no es perfecto ni apto para todos los paladares, es de lo más interesante y bizarro, incluso transgresor al tratar el tema de la transexualidad desde una óptica fantástica y psicológica que pone en evidencia la opresión del victorianismo inglés.

2 comentarios:

  1. Toshiro: corrige el texto, leñe, que queda muy feo que en todas partes pongas JECKYLL en lugar de JEKYLL...

    ;)

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  2. ottia, si es que los escribo a todo trapo en horarios que no debiera...

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