viernes 16 de julio de 2010

¡Una del oeste! - parte I

Llega el calor y me hincho a ver westerns como un jubilado más.

Se trata de una tradición personal, casi un ritual que repito todos los veranos desde tiempos inmemoriales: con la jornada intensiva (siempre que se cumple y no me quedo hasta las tantas currando) llego a casa, tomo mi comida habitual de estas fechas (gazpacho y jamón serrano, dieta nutritiva y de fácil preparación donde las halla) y me pongo una del oeste.

El western es un género no muy bien valorado por las audiencias modernas, existen numerosas ideas preconcebidas sobre las películas del oeste que rara vez se corresponden con la realidad; y es que el western más que un género es un escenario, con ciertas reglas y códigos propios, pero donde caben historias de cualquier tipo y miradas muy dispares; se trata de un territorio ideal para la narrativa, anclado en una época histórica lo suficientemente lejana y lo suficientemente cercana como para ser en parte realidad y en parte mitológica, y que permite desde el simple entretenimiento hasta las más sesudas reflexiones.

El western tiene todo lo bueno de los géneros populares, como el film noir, el thriller, o la ciencia ficción barata: la capacidad para sintetizar y estilizar los argumentos, las temáticas, los personajes, y lucir a menudo sencillo y directo, aunque en no pocas ocasiones esconda las reflexiones y formas de ver la vida de sus autores; de hecho, salvo contadas ocasiones, es habitual que los westerns desluzcan cuanto más evidentes son las pretensiones de sus artífices.

Así que durante estos días iré comentando someramente todos los westerns que vayan cayendo por mis manos, y empiezo con los que ya he visto estas semanas pasadas, saltándome Chuka a la que ya le dediqué un artículo propio:


Rio Bravo 
de Howard Hawks (Rio Bravo, 1959)


Podría enumerar las virtudes cinematográficas de Rio Bravo y llenar una buena extensión de este blog: tiene un guión muy bien escrito con un gran desarrollo de caracteres, está magníficamente realizada y montada (con algunas secuencias de escuela, como la inicial con Dean Martin y la escupidera) pero la razón fundamental por la que Rio Bravo nunca falta en mis tardes de verano es porque es condenadamente entretenida y sus personajes son como viejos amigos; ver esta película es como pasarse una tarde de cervezas con Colorado, Stumpy, Feathers, Dude y John T. Just my rifle, my pony, and meeeee...


Arizona, prisión federal 
de Delmer Daves (The badlanders, 1958)



John Huston hizo un peliculón con la misma novela de base, La jungla del asfalto, aquí traducida al western con un ánimo menos sombrío y trágico. Un western la mar de entretenido aunque a su protagonista, Alan Ladd, le faltasen tantos centímetros como carisma, hecho que se ve contrarrestado por los excelentes secundarios y unas cuantas memorables escenas de acción y suspense.



El pistolero 
de Henry King (The gunfighter, 1950)


Una lúcida reflexión sobre el peso de la fama y la idealización de los pistoleros míticos, que narra la vida de un legendario "gunfighter" (encarnado magníficamente por Gregory Peck) al que persiguen su pasado y su leyenda como el más rápido del oeste. Un western cortito excelentemente escrito y dirigido en el que no falta ni sobra nada, y con muy buenos secundarios entre los que destaca el siempre memorable Millard Mitchell.


El día de los forajidos 
de André de Toth (Day of the outlaw, 1959)



Un western extraño y atípico desde su ambientación, en parajes helados, hasta en sus personajes y sus conflictos internos. Sin ser una obra perfecta, resulta por momentos fascinante por su violencia y cinismo, por sus dos grandes protagonistas (Robert Ryan y Burl Ives) y por un tercio final que sucede en medio de las montañas, en una especie de infierno blanco que luce de miedo en blanco y negro donde el peor enemigo del hombre no es la naturaleza salvaje, sino el propio hombre.


Hombres sin fronteras 
de Peter Fonda (The hired hand, 1971)



Otro western extraño, aunque este rodado en los 70 donde el revisionismo y el experimento era más habitual que en el caso anterior. Se trata de una obra libre, sin ataduras, que narra la vida de dos cowboys, de sus inquietudes y problemas domésticos, y de su único tesoro en la vida, la fidelidad y la amistad que se profesan mutuamente. La película cuenta con dos excelentes protagonistas, Peter Fonda y el gran Warren Oates, y una hermosa fotografía de corte naturalista.


Cimarrón 
de Anthony Mann (Cimarron, 1960)


Opulenta superproducción sobre la popular novela de Edna Ferber, cuyo mayor aliciente es la vibrante dirección de Anthony Mann, que raya a gran altura en las secuencias de acción y de masas. Sin embargo, aunque no está mal escrita, el guión da demasiados tumbos y su pareja protagonista no era la ideal para el tipo de personajes que estaban interpretando. Aún así, se deja ver bastante bien.

2 comentarios:

  1. Glorioso ciclo, aunque la del hijo de Fonda deja algo que desear, a mi gusto. Lo que más me gusta de ella es su excelente banda sonora, y como curiosidad, en ella tenía un pequeño papel de Larry Hagman eliminado en el montaje final.

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  2. Bueno, tiene una realización un tanto preciosista y experimental, pero me gustó; además ver a Warren Oates siempre mola :)

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