miércoles 4 de agosto de 2010
Cine oculto - Mercenarios sin gloria, de André De Toth
"War is a criminal enterprise. I fight it with criminals."
André de Toth fue un cineasta de lo más peculiar, el menos famoso y valorado de los "directores con parche" (John Ford, Fritz Lang, Raoul Walsh, Nicholas Ray), quizá porque siempre se movió entre la serie B y los productos de encargo; a pesar de ello, este húngaro de formación europea y trayectoria americana dejó un buen puñado de obras interesantes, sobre todo en el western (El honor del capitán Lex (Springfield rifle, 1952), El día de los forajidos (Day of the outlaw, 1959), Pacto de honor (The indian runner, 1955), La mujer de fuego (Ramrod , 1947)) y el cine negro (Ola de crímenes (Crime wave, 1954), Pitfall, 1948); su obra más famosa quizá sea Los crímenes del museo de cera (House of wax, 1953), la película en 3D más taquillera de los 50, que, aún siendo estimable, me resulta más convencional y menos interesante que las mencionadas y que Mercenarios sin gloria (Play dirty, 1969) la película que comentaré a continuación.
Tarantino provocó un pequeño revival cinéfilo el año pasado con Inglorious bastards del subgénero bélico de "comando de inadaptados en misión suicida". Siguiendo la estela de Doce del patíbulo, a finales de los 60 y principios de los 70 hubo todo un aluvión de películas de acción de este tipo ambientadas en la Segunda Guerra Mundial, pero probablemente la que se lleve la palma en cinismo e inmoralidad es esta, hasta hace poco, difícil de encontrar obra, la última firmada por André De Toth.
El coronel Masters (Nigel Green) es un oficial con métodos bastante poco comunes cuya guerra de guerrillas y sabotajes contra los nazis en África no está dando muy buen resultado; aún así pide ayuda nuevamente a su superior (Harry Andrews) para formar un comando que haga volar un importante oleoducto tras las lineas enemigas. El oficial asignado resulta ser el capitán Douglas (Michael Caine), que en realidad no es más que un ingeniero de la British Petroleum al que su importancia como asesor otorga el rango de capitán, pero que carece de experiencia militar.
Los hombres de Douglas, todos ellos criminales, algunos literalmente sacados de la carcel, se internan en el desierto disfrazados de soldados italianos; poco a poco Douglas va descubriendo que el verdadero lider del grupo es el brutal y cínico capitán Leech (Nigel Davenport) al que incluso Masters ha ofrecido dinero por mantener con vida a Douglas para evitar la mala prensa para sus hombres delante de sus superiores.
Los personajes de Doce del patíbulo son unas hermanitas de la caridad en comparación con los tipejos que pueblan esta película, desde el inmoral coronel Masters (competente Nigel Green) hasta el descreido Leech (excelente Nigel Davenport), pasando por la morralla que tiene a su servicio, un hatajo de asesinos y violadores; tan solo parece salvarse el inocente capitán Douglas (un Caine estupendo que pasa de la indefensión a la ira de forma progresiva), que poco a poco se irá embruteciendo también hasta compartir una extraña afinidad con Leech.
La visión sobre la guerra que arroja el guión no puede ser más desoladora y cínica: "La guerra es un asunto criminal; yo la lucho con criminales" reconoce el coronel Leech. Ninguno de los personajes parece comprometido de ninguna manera con su causa ni con su país, cada uno busca su beneficio personal o la simple supervivencia; además se dan ocasiones de una vileza sobrecogedora, como cuando varios miembros de este hatajo de inadaptados intentan violar a una enfermera de la cruz roja.
Lo cierto es que Mercenarios sin gloria es una película tan brutal y visceral que casi parece de Peckinpah, aunque su tratamiento visual sea menos operístico pero igualmente efectivo, e incluso espectacular en las escenas de acción y violencia; la realización es por momentos muy de su época, pero en general hace un excelente uso del scope, apoyada en una gran fotografía en exteriores españoles (Almería) y una puesta en escena sucia y realista.
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