ATENCIÓN, CONTIENE ALGUNOS SPOILERS
Christopher Nolan parece haberse propuesto exprimir al máximo todas las posibilidades del guión cinematográfico, haciendo una acrobacia detrás de otra con la estructura de sus films, llegando al sumum del "más difícil todavía" en esta nueva muestra de su talento; Origen (traducción del complicado término Inception en inglés, que viene a decir algo así como "comienzo" o "concepción") no solo es un blockbuster entretenido y por momentos espectacular, sino también una audacia metacinematográfica, en ocasiones lúdica y autoconsciente de su propia condición fílmica.
Cobb (Leonardo DiCaprio) es un experto "con man" que se mueve como pez en el agua en el ambiente onírico gracias a una compleja tecnología que le permite introducirse en la mente de otros seres humanos mientras duermen; Saito (Ken Watanabe), máximo dirigente de una poderosa multinacional, lo contrata para una complicada misión: introducir una idea en los sueños de su rival, Robert Fisher (Cilian Murphy) para acabar con su megacorporación.
Se trata de una operación tremendamente arriesgada denominada "inception", que consiste en tender una trampa múltiple en los sueños de la víctima, de manera que una idea exterior arraige en su psique como si fuese propia. Para la operación, Cobb necesita reunir a los mejores especialistas en la materia: su habitual colaborador, Arthur (Joseph Gordon-Levitt), experto en organización, Eames (Tom Hardy), capaz de impersonar a cualquier individuo en la fase onírica, Yusuf (Dilep Rao), experto en sedantes y sus efectos sobre la consciencia, y la joven Ariadne (Ellen Page), capaz de proyectar complejas estructuras arquitectónicas dentro de los sueños.
Además de los problemas asociados a tan complicada operación, Cobb suma uno propio: el recuerdo persistente de su mujer (Marion Cotillard), que escapa de su control consciente y pone en peligro todas sus operaciones.
Algunos han comparado a Inception con Matrix, por aquello de que los personajes se introducen mediante una complicada tecnología en un mundo virtual donde ocurren cosas fuera de lo común (como escapar a la fuerza de la gravedad o crear objetos de la nada), pero la película de Nolan es mucho más compleja e inteligente que aquella, que, a pesar de su fascinante envoltorio, en última instancia era una historia más de buenos y malos y enviados mesiánicos.
Aunque pueda parecer lo contrario, la película de Nolan se asienta en gran parte sobre las complejidades de sus personajes, relacionados por intereses opuestos o concurrentes, huyendo de juzgar el alineamiento moral de los mismos; si bien la mayor parte de los secundarios son relativamente esquemáticos (aunque bien resueltos por los detalles y actitudes con las que son descritos), hay tres caracteres fundamentales cuyos precisos retratos dan pie a casi toda la trama: la mujer de Cobb (fascinante Marion Cotillard), convertida en un fantasma de su subconsciente que lo atormenta con culpabilidad y remordimiento, el joven heredero de la fortuna Fisher (Cilian Murphy, con esa extraña apariencia andrógina que aporta un plus de vulnerabilidad al personaje) cuya tormentosa relación con su padre está plagada de sumisión, sentimientos de inferioridad y complejos, y el propio Cobb (competente Leonardo DiCaprio) un tipo sumido en el pesar y el autoflagelo y que cada día tiene menos claras las fronteras entre la realidad y el mundo soñado.
Para contarnos la historia de estos individuos, Nolan pone en marcha todos los recursos habidos y por haber en cuanto a guión cinematográfico; toda película propone un mundo alternativo, irreal, en este caso "soñado", y unas reglas internas por las que se rige. Las reglas concebidas por Nolan en este caso son realmente atractivas: el terreno de los sueños es como un gran lienzo poblado por imágenes del subconsciente, proyectadas por el soñador, que pueden ser retazos de recuerdos, imágenes subjetivas sobre personas de su entorno real, impresiones de lugares y sensaciones conocidas, etc...
Los "arquitectos" son con men capaces de generar escenarios dentro de la mente del soñador, que este puebla con sus propias creaciones oníricas; así, si el arquitecto genera una calle, el soñador la poblará con las imágenes de personas con las que se ha cruzado, si genera un hogar, el soñador la llenará con sus objetos personales y proyecciones de sus seres más cercanos, y si crea una fortaleza o una caja fuerte, introducirá en ellas sus anhelos y secretos más profundos; los arquitectos son como guionistas y directores que generan películas dentro de los sueños ajenos, y, al fin y al cabo, en eso consiste hacer cine: en generar mundos soñados donde el espectador viva experiencias fuera de la realidad (1).
Luego hay muchas otras reglas que enriquecen este mundo, como los métodos para sacar a los soñadores conectados de su trance (la muerte dentro del sueño, o la pérdida de equilibrio y la inmersión en agua fría, etc...), la relatividad del tiempo dentro del sueño con respecto a la vigilia (un soñador puede vivir años en pocos minutos) o la necesidad de totems personales para distinguir la realidad del sueño. La más fascinante de todas estas reglas es la posibilidad de diferentes niveles de sueños dentro de sueños, una temática que me recuerda al Sandman de Neil Gaiman, a esos momentos en que sueñas que despiertas para darte cuenta de que sigues dormido.
Como buen guionista, Nolan toma las reglas que él mismo ha establecido y las exprime hasta la saciedad, haciendo piruetas en las que incluye un climax dentro de otro como un juego de espejos que se extiende hasta el infinito; en este terreno los guiños de Nolan hacia el espectador avispado son numerosos: desde la misteriosa e inexplicable tecnología empleada (todo un señor Macguffin), hasta las improbables operaciones económicas de Saito, pasando por los diversos saltos temporales: todo en la película es sueño, todo es cine.
La realización de Nolan es en general bastante sencilla, directa y clásica, y no pretende diferenciar un estado de vigilia de otro onírico (ni los flashbacks, ni los saltos en la trama) empleando algún tipo de truco o recurso visual (la fotografía y la puesta en escena se mantienten constantes y competentemente discretas durante toda la película); corresponde al espectador diferenciar donde se encuentra en cada momento, o donde cree encontrarse. Esto no quiere decir que los ralenties o FX no aparezcan, en ocasiones, para mostrarnos escenas surrealistas propias del sueño, con extrañas apariciones o modificaciones de las leyes físicas, pero, curiosamente, estos planos están reducidos al mínimo en favor de la narración y el desarrollo de los personajes principales.
El único pero de la realización reside en algunas secuencias de acción; es algo común al estilo de Nolan, al rodar la acción resulta a veces demasiado embarullado y poco hábil, abusando del montaje sincopado, con planos demasiado cortos y cerrados; esto se hace patente en algunos momentos del asalto a la fortaleza en el hielo, en uno de los múltiples climax de la película (2), aunque sin embargo la pelea ingrávida del hotel está bastante más conseguida.
Por otro lado, la música de Hans Zimmer sorprende alejándose de sus habituales "tatatachanes" para entrar, por una parte, en lo intimista, y por otra, en el thriller espectacular con ecos a la música de James Bond.
A pesar de su larga duración, (2 horas y media) y de la complejidad de su trama, Inception es sin embargo todo un blockbuster, una demostración de que el cine de masas puede (y debe) ser inteligente y tratar con respeto al espectador sin por ello dejar de ser entretenido y comprensible para cualquiera; en su conclusión, Nolan llega incluso a saltarse sus propias reglas para dejar claro que todo en Inception es sueño (o cine, que viene a ser lo mismo), y al final de los créditos, introduce habilmente el famoso tema de Edith Piaf (3) que Arthur utiliza en diversas ocasiones como "patada" para despertar del trance, como invitando al propio espectador a despertarse del sueño que Nolan ha creado para nuestro disfrute.
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(1) Buscando información e imágenes por la red me he encontrado con una interesante interpretación del crítico Devin Faraci, que considera que toda la película es una analogía del proceso cinematográfico: Saito es el jefe del estudio, Arthur el productor, Cobb el director, Ariadne la guionista, Eames el actor, Yusuf el encargado de los FX y Fisher el espectador. El artículo completo, aquí
(2) Homenaje de Nolan a su película favorita de la serie Bond, Al servicio secreto de su majestad, cuyo climax se iniciaba con el asalto a una fortaleza en los Alpes.
(3) Otro guiño, en este caso a la actriz Marion Cotillard, que fue lanzada a la fama interpretado a Edith Piaf en un biopic estrenado hace unos años.






Buenísima crítica. Aunque a mí me decepcionó un poco, creo que hay que reconocerle a Nolan el esfuerzo por hacer CINE, y del bueno, en estos días de Perros vs Gatos 3D.
ResponderSuprimirMe encantó ver una película de ciencia ficción con un trama sofisticada pero bien contada, para todos los públicos, como bien dices.
ResponderSuprimirPar mí, lo peor son sin duda las escenas de acción y de persecución como bien apuntas, las de la nieve parecen de telefilm.
Por cierto, recientemente murió un director de anime que desconocía, Satoshi kon, entre cuyas películas está Paprika (2006). Dicen que le sirvió de referencia a Cristopher Nolan para dirigir ésta; ¿sabéis algo al respecto?
¡¡No jodas, no sabía que habia muerto Satoshi Kon!! ¡¡¡Pero si era joven y estaba preparando una nueva peli!!! Paprika, en efecto, cuenta la historia de una detective que se introduce en los sueños ajenos con el nombre de Paprika. Kon también es autor de otras obras muy interesantes como Perfect Blue, Tokyo Godfathers, Millenium actress y Paranoia Agent.
ResponderSuprimirPues sí, menudo palo, sobre todo ahora que mencionas Paranoia Agent, qué buena serie.
ResponderSuprimirMillenium actress era visualmente más convencional, al revés que su guión, muy entretenida.
Tendré que ver Tokyo Godfather, que me la habéis recomendado varios.