lunes 9 de agosto de 2010

Patricia Neal, 1926 - 2010


Me despierto con la noticia de la muerte de Patricia Neal a los 84 años, una carismática y talentosa actriz estadounidense que rompió muchos de los moldes del Hollywood de los 40, 50 y 60 con su voz aguardientosa y sus poderosos y complejos personajes.


Aunque su talento interpretativo ya había destacado previamente en el teatro (había ganado un premio Tony), lo que la hizo famosa a finales de los 40 fue su escandaloso romance con Gary Cooper, casado y mucho mayor que ella, que salió a la luz durante el rodaje de El manantial (The fountainhead, 1949), su segunda película, una inclasificable e interesantísima cinta de King Vidor basada en la obra de la filósofa Ayn Rand.


Confinada después en el cine a papeles menos poderosos, paseó aún así sus capacidades por alguna serie B memorable como Ultimatum a la tierra (The day the earth stood still, 1951). Mientras se casó con el escritor Roald Dahl (del que se divorciaría en los 80, tras un descubrir que le ponía los cuernos con una amiga) y se lió a tener hijos con él como una posesa (perdería a una hija de este matrimonio a principios de los 60, con tan solo 7 años), para volver a deslumbrar, de la mano de Elia Kazan, en la formidable Un rostro en la multitud (A face in the crowd, 1957), una tremenda película sobre el populismo y el poder de la demagogia y los medios de masas.


A partir de entonces, sus apariciones en cine serían mucho más esporádicas, dedicándose más al teatro y a sus hijos, pero siempre que volvía a la gran pantalla lo hacía a lo grande, con papeles secundarios memorables y totalmente roba-escenas, a menudo como pareja de hombres más jóvenes que ella: fue la amante ricachona que mantiene a George Peppard en Desayuno con diamantes (Breakfast at tiffany's, 1961), la criada madurita que provoca taquicardias a Paul Newman en Hud  (Hud, 1963) - este último trabajo le reportó un merecidísimo oscar - y estuvo a punto de ser Mrs. Robinson en El graduado, pero...


... en 1965, durante un embarazo, sufrió diversos infartos cerebrales que la dejaron incapacitada para hablar y andar; el hijo nació sano, y Patricia Neal dio toda una demostración de esfuerzo y valentía, recuperándose casi milagrosamente hasta volver a poder hacer uso de sus capacidades, impresionando de forma tan duradera a sus doctores que el hospital donde se recuperó paso a llamarse, años después, The Patricia Neal Rehabilitation Center.


Sin embargo, su salud ya no fue lo que era y tuvo que declinar el papel de Mrs. Robinson en favor de Anne Bancroft; siguió trabajando después con asiduidad en cine, teatro y televisión, aunque sin alcanzar el esplendor anterior.


Personalmente, de entre los escasos pero increiblemente intensos roles en los que he podido admirar el talento de Patricia Neal, me quedo con su Alma Brown de Hud; una mujer del pueblo más llano y profundo, curtida y valiente, que paga las iras de un macho despreciable y ególatra interpretado por un encabritado Paul Newman, incapaz de sobreponerse al volcanismo de una mujer mayor que él y cuyo sentido común le daba sopa con ondas; y es que Patricia Neal demostró que la inteligencia y la personalidad podían llegar a ser irresistiblemente sexys.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada