martes 3 de agosto de 2010

¡Una del oeste! - parte II

Pacto de honor
de André De Toth (The indian runner, 1955)


Uno de los primeros westerns en cinemascope, rodado por el singular Andre De Toth, que oscila entre planos perfectamente orquestados y otros típicos del cinemasocpe pionero (con los personajes dispuestos gratuitamente en los extremos de la pantalla, para que se vea lo larga que es); cuenta la historia de un explorador con buenas relaciones con los indios (Kirk Douglas), que se ve atrapado entre dos mundos cuando la avaricia de algunos hombres blancos por el oro que hay en terreno Sioux desata un conflicto entre la caballería y la tribu. Dista de ser una película perfecta, pero al menos es una aventura de lo más entretenida, con mucho interés por retratar a los indios de forma positiva y cierto gusto por la violencia un tanto sádica.

El valle del fugitivo
de Abraham Polonsky (Tell them Willie Boy is here, 1969)


Un atípico western basado en un hecho real, escrito y dirigido por uno de los damnificados por la caza de brujas, que narra la historia de Willie Boy (Robert Blake), un indio que, a principios del siglo XX, mata al padre de su novia en defensa propia e inicia con ella una huida a ninguna parte, perseguido por un implacable sheriff (Robert Redford) A través de esta anécdota Polonsky aprovecha para reflexionar sobre los males de los EEUU, el racismo, el machismo y la hipocresía presentes en su sociedad y su política, pero huyendo del maniqueismo: Willie Boy es honesto y sincero, pero también salvaje y brutal, mientras que el sheriff Cooper, como buen hombre "civilizado", cumple con unas normas que en realidad no siente como verdaderas pero que nunca pone en entredicho; entre medias, sus dos mujeres-amantes se ven relegadas o incluso menospreciadas. Interesante película, aunque la realización es un tanto plana y Robert Redford luce demasiado guapo y cool para lo que su personaje debiera ser.

Sierra prohibida
de Sidney J. Furie (The Appaloosa, 1966)


A Marlon Brando debieron gustarle mucho los spaghetti westerns de Leone con Clint Eastwood, de manera que se buscó a un director sin mucha personalidad para rodar su propio spaghetti, dando como resultado esta interesante película; la historia es muy simple: un soldado criado por los mejicanos (Marlon Brando) vuelve tras la guerra a la frontera para montar un rancho con su hermano adoptivo, a lomos de un hermoso semental de raza Appaloosa. Sin embargo, un estúpido incidente con la mujer de un terrateniente da como resultado que este le robe el caballo, desatándose una terrible enemistad entre ambos. Marlon Brando está más lacónico que nunca y Furie se mimetiza por completo con el tipo de planificación de Leone (aunque sin su genuino aire operístico) La excelente fotografía en exteriores también hace subir muchos enteros al conjunto.

Encubridora
de Fritz Lang (Rancho Notorious, 1952)


A finales de los 40 y principios de los 50 las conexiones entre cine negro y western se hicieron más evidentes que nunca; tal es el caso de esta película narrada como una balada de odio y venganza, que bien podría haber sido una historia de gangsters de haberse rodado unos años atrás: un joven cowboy (Arthur Kennedy) se embarca en la persecución de los asesinos de su prometida, a los que sigue hasta un misterioso rancho que sirve de guarida a todo tipo de criminales, regentado por una antigua cabaretera llamada Altar Keane (Marlene Dietrich) protegida por su amante, un famoso pistolero (Mel Ferrer). A pesar de algunos decorados y ropajes un tanto cantosos y de que sus protagonistas masculinos no resultan excesivamente carismáticos, la película cuenta con un gran guión y una prodigiosa puesta en escena típica de su director que la convierte en una obra fascinante.


Rio rojo
de Howard Hawks (Red river, 1948)

Si me preguntasen cual es la secuencia más famosa entre los westerns de todos los tiempos, tendría dificil la elección entre el asalto a la diligencia de La diligencia y el "Take 'em to Missouri, Matt!" de Rio rojo. Poco puedo decir de esta película que lo tiene todo, grandes personajes, preciosa fotografía en B/N, escenas míticas y entretenimiento a raudales.

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