"La tontería es infinitamente más fascinante que la inteligencia. La inteligencia tiene sus lÍmites, la tontería no."
Claude Chabrol
Chabrol era uno de los supervivientes de la Nouvelle Vague, ese famoso movimiento de cineastas franceses que se nombra más que se conoce, y ha estado haciendo películas toda su vida hasta el día de su muerte; reconozco que no soy muy entendido en su cine, (aunque alguna suya he visto, pero soy totalmente ignorante de sus primeras obras) pero creo que un cineasta de esta envergadura se merece una reseña, tanto por su labor como director como por sus primeros tiempos como crítico en Les Cahiers du cinéma.
De aquella etapa, que compartió junto a gente como Éric Rohmer, Jean-Luc Goddard o François Truffaut, merece destacar su apasionada defensa de Alfred Hitchcock, que no contaba con el prestigio crítico y el estatus de maestro que tiene hoy en día; Chabrol y Truffaut fueron probablemente los dos cineastas surgidos de la publicación fundada por André Bazin que más admiraban el trabajo de Hitchcock y en los que se vislumbra una más que notable influencia.
Chabrol comparte con Hitchcock (entre otros también podríamos mencionar a Fritz Lang, algo evidente hasta en el título de alguna de sus películas como Doctor M - Docteur M., 1990) una visión similiar del mundo como una especie de juego de máscaras, donde lo que se ve de forma cotidiana suele ser la punta del iceberg de lo que subyace detrás de cada personaje; las tramas de sus películas suelen ser bastante sencillas, a menudo transitando géneros de intriga y suspense, pero los personajes que las habitan son sin embargo tremendamente complejos.
Aunque era un hombre de gran cultura literaria, curiosamente muchas de sus películas se inspiran en novelas populares o baratas de misterio, a las que Chabrol despoja de artificios superficiales para resaltar la mentalidad de los personajes que las pueblan; tal es el caso, por ejemplo, de La ceremonia, (La cérémonie, 1995), una magnífica película basada en una obra de Ruth Rendell (algo así como una sucesora de Agatha Christie), sobre la historia de dos mujeres (una empleada de hogar y una oficinista de correos) a las que sus condicionamientos sociales y culturales han relegado a una vida anodina y cuya presencia terminará desatando un vendaval de sospechas entre una familia acomodada y aparentemente maravillosa que en el fondo oculta numerosos secretos; o de La década prodigiosa, una de sus películas más excesivas y comerciales, inspirada en un relato de Ellery Queen (seudónimo de diversos autores a lo largo de la historia, casi una franquicia de novelas de misterio baratas), que nos muestra a una poderosa familia llena de oscuros recovecos; la boda del severo patriarca con una mujer mucho más joven que él, provoca un terrible enfrentamiento con su pusilánime hijo, que mantiene una relación secreta con ella.
De las 6 o 7 películas que he visto de Chabrol me quedo sin lugar a dudas con El carnicero (Le boucher, 1970) una disección del serial killer narrada con una sequedad y capaz de incisión y sugestión que pone los pelos de punta, y que también supone un inquietante y sórdido retrato del mundo rural y de la naturaleza humana en general; El carnicero tiene guión del propio Chabrol, esta vez sin inspirarse en ninguna obra preexistente, y está considerada por muchos como la quintaesencia del estilo y las inquietudes del realizador francés.
Aprovechando la triste noticia de su muerte, espero subsanar mi ignorancia sobre gran parte de su obra en los próximos meses, a la espera de encontrar otras películas suyas tan sugerentes como La ceremonia o El carnicero.





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