lunes, 11 de octubre de 2010

Roy Ward Baker 1916-2010

No doy a basto con las esquelas... :(


Esta vez le toca el turno a Roy Ward Baker, un veterano realizador que paseó su profesionalidad por numerosos géneros, casi siempre dentro de las películas de bajo presupuesto, y que, pese a ser considerado un simple artesano, deja tras de si una filmografía que muchos llamados autores envidiarían; su etapa más querida por muchos aficionados es la que pasó en los célebres estudios Hammer, especializados en cintas de horror gótico durante los 50, 60 y 70, aunque también dejó buenas muestras de su talento en otras productoras tanto en los EEUU como en su Inglaterra natal.

Baker era un cineasta que, pese a ser un "mandado", demostraba un más que notable conocimiento del medio; poseía una gran capacidad para crear escenas de tensión y suspense y atmósferas fantásticas y opresivas, gracias a un gran dominio del encuadre y la puesta en escena. No es extraño, entonces, que sus películas luzcan mucho más lujosas de lo que sus medios le permitían, y que incluso posean secuencias de gran creatividad visual.

Su filmografía es muy extensa y abarca cuatro décadas, así que comentaré tan solo 10 de las películas que he visto y que considero interesantes:


Niebla en el alma
(Don't Bother to Knock, 1952)

Un excelente thriller psicológico que supone uno de los primeros papeles protagonistas de Marilyn Monroe; en ella interpreta a una joven desequilibrada tras la muerte de su novio que se obsesiona con un joven piloto (Richard Widmark) que se hospeda en el mismo hotel en el que trabaja como canguro. Baker saca provecho de un guión interesante y unos buenos actores a los que suma una excelente atmósfera y un gran pulso narrativo.


Infierno
(Inferno, 1953)

Una de las mejores películas rodadas en 3D durante los primeros 50; en ella Robert Ryan es un millonario abandonado en el desierto por su mujer y la amante de esta que tendrá que sobrevivir en medio de la nada para vengarse. Aunque fue concebida para lucir el 3D en espectaculares entornos naturales, la magnífica interpretación de Ryan y la capacidad de Baker para el suspense la elevan muy por encima de otros productos similares.



El único evadido
(The one that got away, 1957)

Se trata de una aventura bélica inspirada en la historia real de Franz von Werra, único oficial alemán que consiguió evadirse de los ingleses; la producción es inglesa pero el actor protagonista, Hardy Kruger, es alemán, y, en lineas generales, se muestra un enorme respeto por el enemigo, sin demonizar ni ridiculizar al bando perdido; Baker saca oro de la epopeya personal de Werra narrando sus desventuras con notable garra y realismo.


 La última noche del Titanic
(A Night to remember, 1958)

Una honesta y competente recreación de la tragedia del Titanic (de la que la famosa versión de James Cameron robó planos, situaciones y hasta secuencias completas) plagada de rostros famosos ingleses y beneficiada de un excelente trabajo de miniaturas. Inspirada en hechos reales narrados por los supervivientes, es la película favorita de los aficionados a la famosa catástrofe por su verosimilitud y rigor histórico.


El demonio, la carne y el perdón
(The singer not the song, 1961)

La última parte de la carrera de Baker en el cine se caracterizó por tender cada vez más a la simbología, las segundas intenciones y en ocasiones el más puro camp; algo de esto ya está presente en este extrañísimo western de extrañas connotaciones (homo)sexuales en el que un cura intenta redimir a un malvado pistolero llamado Anacleto (menudo nombrecito). Anacleto es interpretado por un Dirk Bogarde embutido en cueros negros al que el padre redentor echa extrañas miraditas.

¿Qué sucedió entonces?
(Quattermass and the pit, 1967)

Tercera entrega de las aventuras del profesor Quatermass producidas para el cine por la Hammer; se trata de uno de los títulos más queridos por los aficionados, una serie B de ciencia ficción llena de jugosas ideas a la que Baker aporta su buen pulso narrativo y su capacidad para el suspense, elvándola muy por encima de la precariedad de sus medios.

El aniversario
(The anniversary, 1968)

Una divertida comedia negra producida por la Hammer con una deliciosamente decadente Bette Davies de protagonista; la película se centra sobre los avatares de una extraña familia disfuncional en el día del aniversario de su tiránica madre, que utiliza todos los trucos a su alcance para eliminar a quienes considera ajenos a la familia y mantener a sus hijos bajo su "protector manto".

Las amantes del vampiro 
(The vampire lover, 1970)

La decadencia de la productora estaba cerca, de manera que empezaron a cargar las tintas con el gore y el erotismo; Baker supo aprovechar ambas coyunturas para rodar una de las más lujuriosas y sugerentes historias vampíricas de la época, que sorprende aún hoy en día por su aliento trágico y erótico; la película cuenta la historia de Carmilla, una vampira lesbiana que se dedica a alimentarse de tiernas jovencitas... su desgracia llega el día en que se enamora de una de ellas, pero sin embargo no puede evitar matarla poco a poco por su ansia de sangre.

Las cicatrices de Dracula
(Scars of Dracula, 1970)

Christopher Lee vuelve a encarnar por quinta vez al famoso vampiro para la Hammer; sin embargo, pese al evidente agotamiento, se trata de una revisión del mito que, aunque no tiene precisamente un gran guión, es rica en extrañas imágenes y atmósferas enrarecidas.

Dr. Jekyll y su hermana Hyde 
(Dr. Jekyll & Sister Hyde, 1971)

Una peli extraña y bizarra como ella sola que ya comenté en un artículo propio.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Cine oculto - Perro blanco, de Sam Fuller


Sam Fuller es un cineasta que no necesita presentación para los buenos aficionados; fue un individuo único, todo un personaje en si mismo, un "outsider" del cine americano cuya vida fue tan intensa e interesante como sus propias películas: reportero avispado, veterano de guerra, novelista, director de culto... Fuller realizó la mayor parte de sus trabajos durante los 50 y los primeros 60, casi siempre dentro de los parámetros de la serie B, tras un corto y azaroso paso por la producción de primera linea.

La década de los 70 la pasó casi en blanco, condenado al ostracismo en su propio país por el contenido polémico de sus cintas, pero a principios de los 80 volvió con un par de títulos capitales de su filmografía, que no terminaron de cuajar en su resurrección cinematográfica (eran tiempos poco propicios para el cine militante de Fuller) pero que, con el paso del tiempo, se han convertido en películas casi míticas; el primero de estos títulos fue Uno rojo: División de choque (The Big Red One, 1980), una cinta bélica que narra con singular acierto sus propias experiencias de guerra, y el segundo fue Perro blanco (White dog, 1982), la película que comentaré a continuación.


Julie Sawyer (Kristy McNichol) es una jóven actriz que vive en un chalet en las colinas de L.A.; volviendo una noche a casa en su coche atropella sin querer a un enorme pastor alemán blanco. Julie lleva al perro al veterinario y decide colgar fotos del animal para localizar a su dueño; sin embargo, se va encariñando poco a poco de él, y decide quedárselo.

Sin embargo, a pesar del aparente caracter amable del animal y de su instinto protector, este va mostrando ocasionales ataques de furia asesina contra humanos de raza negra. Julie contacta entonces con un experto en doma de animales para películas, el veterano Carruthers (Burl Ives), que le dice que debe sacrificar al animal ya que se trata de un "perro blanco", un perro asesino entrenado por racistas para matar a negros. Sin embargo, Keys (Paul Winfield) socio de Carruthers y de raza negra, decide reeducar al perro, al tratarse de un asunto que le toca personalmente y que se convierte en una obsesión personal.


Perro blanco es uno de los más brutales alegatos anti-racistas que uno pueda echarse a la cara, y, sin embargo, en su momento se paró su distribución y la película fue acusada de ser todo lo contrario, debido a una incomprensible campaña de desinformación que volvió a condenar a Fuller al ostracismo; quizá la parábola que proponía Fuller era demasiado adulta o demasiado inteligente, pero desde luego, no se la puede calificar de sutil: si hay algo que caracteriza a este autor es la contundencia con que expresa sus posturas, y Perro blanco es contundentemente anti-racista.

El planteamiento de Fuller acerca del racismo es tremendamente poderoso: para él el racismo es una enfermedad mental, un condicionamiento impuesto desde la infancia para temer aquello que es diferente y atacarlo con saña y furia; este concepto está representado por un espectacular perro blanco, en apariencia normal, fiel y cariñoso, que oculta a un terrible monstruo racista y asesino en su interior.


Esto es entre tú y yo, hijo de puta


Frente a este condicionamiento, se plantean dos posturas, la de Carruthers (entrañable Burl Ives), que cree que no puede ser curado, y la de Keys, que considera casi un deber sagrado demostrar que puede invertir el proceso de condicionamiento. La lucha de Keys (excelente y carismático Paul Winfield) por doblegar al monstruo y recuperar al perro es sin duda uno de los puntos más fascinantes del film, representado en continuos duelos de miradas y choques de voluntades.


La estructura narrativa de la película y su gusto por el exceso y el pulp recuerda vivamente a otros de sus títulos de los 60 como Corredor sin retorno (Shock corridor, 1963) o Una luz en el hampa (The naked kiss, 1964); dentro de este estilo tan propio y característico no sobra ni falta nada, Fuller construye grandes escenas desde la escritura (1) y las rueda con su soltura e ingenio habituales, logrando excelentes momentos de suspense, alguno casi terrorífico: la interpretación de los perros que encarnan al animal protagonista es asombrosa, llegando a expresar lástima o pavor de un segundo a otro. Por otra parte, la irrupción del racista culpable del condicionamiento del perro es una verdadera patada en los cojones (Fuller aprobaría esta expresión) a la iconografía WASP yanki.



En definitiva, a pesar de su look ochentero y de la parquedad de medios con que fue rodada, Perro blanco se impone por su arrollador sentido de la puesta en escena y por su guión plagado de reflexiones y parábolas, del que destaco poderosamente el fascinante desarrollo de la relación entre el perro y Keys; me resulta del todo incomprensible que una película tan concienciada, casi imprescindible para comprender las raices de la discriminación racial, pudiera ser tan mal entendida en su tiempo.

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(1) El guión fue escrito al alimón con un jóven Curtis Hanson, luego famoso guionista y director de L.A. Confidential, e inspirado en una novela de Romain Gary de la que al parecer se distancia en algunos aspectos.

lunes, 4 de octubre de 2010

Semana horribilis - Arthur Penn, Sally Menke, Tony Curtis, RIP

En el plazo de unas pocos días han fallecido tres nombres de diversa importancia dentro de la historia del cine, a saber, el realizador Arthur Penn, la montadora Sally Menke y el actor Tony Curtis.

Arthur Penn 1922-2010

Uno de los cineastas clave del cine norteamericano de los 60 y 70, miembro de la "generación de la televisión" (John Frankenheimer, Robert Mulligan, Sidney Lumet, Martin Ritt, Frankin J.Schaffner, George Roy Hill,  Delbert Mann...) y muy influyente en la concepción del nuevo cine americano.



Penn
realizó numerosos dramas y adaptaciones teatrales en la televisión antes de dar el salto al cine a finales de los años 50 con El zurdo (The left handed Gun, 1958), un western desmitificador sobre la figura de Billy el niño interpretado por un excesivo Paul Newman, en la que introdujo algunas técnicas visuales propias de la televisión o heredadas de cineastas europeos o japoneses (Rashomon y Los siete samurais de Kurosawa habían supuesto toda una revolución para estos jóvenes realizadores)



Su segunda película, El milagro de Anna Sullivan (The miracle worker, 1962), era un esforzada e intensa adaptación teatral inspirada en hechos reales que reportó sendos oscars a sus protagonistas femeninas. Posteriormente fue expulsado del rodaje de su siguiente proyecto, El tren (The train, 1964), debido a las discrepancias con su actor principal, Burt Lancaster; la película fue finalmente rodada por John Frankenheimer, que consiguió una de sus mejores obras.





A mediados de década rueda una de sus películas más extrañas y personales, Acosado (Mickey One, 1965), que narra la historia de un cómico de garitos y tugurios interpretado por Warren Beatty que huye de la mafia.



Un año después rodó una de sus películas más famosas, La jauria humana (The chase, 1966) con un reparto estelar que incluía, entre otros, a Marlon Brando, Robert Redford, E. G. Marshall, Jane Fonda, Robert Duvall, Angie Dickinson... La película es una parábola social en la linea de Solo ante el peligro, pero teñida de la sensibilidad izquierdista de la época; en ella Marlon Brando interpreta al sheriff de una pequeña localidad que se encuentra con el deber de cazar a un preso, interpretado por Robert Redford, enemistado con el cacique local por mantener un affaire con su mujer; el terrateniente y sus seguidores caldearán el ambiente del pueblo para intentar linchar al evadido, mientras el sheriff tendrá que enfrentarse a sus vecinos para hacer cumplir la ley.





Su siguiente película, Bonnie And Clyde (1967) se convirtió en un hito y está en la lista del American Flim Institute de las películas más influyentes de la historia del cine americano; narra la historia de una pareja de legendarios asaltadores interpretados por Faye Dunaway y Warren Beatty durante la época de la depresión americana. El retrato psicológico de ambos es complejo y oscuro, pero la razón por la que la película quedó grabada en la  mente de los espectadores fue  por su tratamiento visual de la violencia, cercano al de Sam Peckinpah (y adelantándose por un par de años a Grupo salvaje)




Tras el éxito de Bonnie And Clyde, Penn rodó un extraño film, El restaurante de Alicia (Alice's restaurant, 1969) protagonizado por el cantante folk Arlo Guthrie, hijo del legendario Woody Guthrie; se trata de una película bastante coyuntural a ritmo de música folk.





Al año siguiente rodó otra de sus más famosas películas, Pequeño gran hombre (Little big man, 1970), un entretenidísimo western revisionista y tragicómico que cuenta, en un largo flashbacks, las memorias de Jack Crabb (Dustin Hoffman), una especie de Forrest Gump del oeste que se las ingenió para conocer a figuras legendarias como Wild Bill Hickcok o el general Custer y sobrevivir a la mismísima batalla de Little Big Horn.





Tras un varios años de inactividad interrumpidos por una película coral que no he visto (Visions of eight, 1973) volvió al cine con un excelente thriller intimista, La noche se mueve (Night moves, 1975), en la que Gene Hackman interpreta a un detective privado encargado de encontrar a la hija adolescente huida de un productor de Hollywood (Melanie Griffith, con 18 años, en su primer papel acreditado en el cine)




Al año siguiente rodó un extraño y muy violento western, Missouri (The Missouri breaks, 1976) protagonizado por Jack Nicholson y un Marlon Brando desatado y excesivo cuyas excentricidades estuvieron a punto de dar al traste con el proyecto.


Su decadencia llegó en los 80, una década poco propicia para su cine reflexivo y militante; rodó aún así unas cuantas películas que no ha evisto; en los 90 terminó volviendo a la televisión como director y productor en la serie Ley y Órden (Law & Order).




Sally Menke 1953-2010

Sally Menke ha fallecido prematuramente hace unas pocas horas en Los Angeles, al parecer por un golpe de calor que la ha pillado desprevenida en pleno verano californiano.

Aunque no es un nombre muy famoso para el público general, los aficionados la conocemos por ser la montadora oficial de Quentin Tarantino, pareja creativa a la que se ha comparado a menudo con la formada por el director Martin Scorsese y la montadora Thelma Schoonmaker.

Menke ha colaborado con Tarantino en todas sus películas desde Reservoir dogs (1992): Pulp fiction (1994), Four rooms (1995), Jackie Brown (1997), Kill Bill 1 y 2 (2003 - 2004), Death proof (2007) y Malditos bastardos (Inglourious basterds, 2009).


En contra de lo que mucha gente pueda creer, el estilo visual de Tarantino está anclado en el más profundo clasicismo, abunda en planos largos y composiciones estáticas, aunque su espíritu gamberro e iconoclasta le lleva a romper continuamente este clasicismo con la irrupción de insertos y elementos visuales y musicales que lo acercan al "arte pop"; es decir, cine que, como las obras de Warhol, bebe descaradamente de otras películas de géneros populares (western, thriller, chambara) y que las copia y mezcla con desparpajo para crear nuevas obras.


Menke, con un estilo tan preciso como versátil, se ajustaba como un guante a estos requerimientos. y a la compleja estructura narrativa no lineal tan típica de Tarantino; es una lástima que halla fallecido tan jóven.

 Tony Curtis 1925-2010

Tony Curtis fue uno de los actores más famosos de los años 50 y 60, aunque su estrella decayó rápidamente posteriormente, donde sus trabajos no volvieron a brillar como en estos años; nacido en el Bronx y de origen judío, se hizo famoso rápidamente por su aspecto aniñado y gamberro y su acento típicamente neoyorkino, convirtiéndose en una especie de galán juvenil, aunque terminó por abrirse un hueco y demostrar su talento en producciones más complejas.

Su vida personal fue muy tumultuosa, llena de matrimonios, hijos, amantes, alcohol y fiesta, llegando a declararse en alguna ocasión como un verdadero adicto al sexo.

Su filmografía es larguísima e incluye numerosas películas interesantes, así que voy a intentar reducir la lista a unos cuantos títulos fundamentales:


Chantaje en Broadway, de Alexander McKendrick (Sweet smell of success, 1957), magistral y negrísima película de cine negro en la que interpreta a un espabilado que se dedica a buscar escándalos para un despreciable locutor-estrella de la prensa rosa, interpretado por Burt Lancaster. El mundo del mundo del espectáculo y el periodismo sensacionalista es representado sin concesiones, donde la corrupción, las bajas pasiones y las puñaladas traperas son el pan nuestro de cada día.


Los vikingos, de Richard Fleischer (The vikings, 1958) Modélico film de aventuras medievales, probablemente de lo mejor que se ha rodado en el género, una aventura adulta que huye del maniqueismo y que se convirtió en un hito por su excelente puesta en escena, sus vibrantes escenas de acción y las carismáticas interpretaciones de todo el plantel, con un Kirk Douglas salvaje y brutal como protagonista al que Curtis da una convincente réplica, pero sin hacerle sombra. (1)


Fugitivos, de Stanley Kramer (The Defiant ones, 1958) Un exitoso thriller de denuncia, ligeramente lastrado por el típico tono didáctico de su autor, pero aún así muy entretenido y recomendable; Tony Curtis y Sidney Poitier son dos presos, uno blanco y otro negro, que se fugan encadenados el uno al otro y tienen que superar sus prejuicios raciales para sobrevivir en medio de un territorio hostil.



Con faldas y a lo loco, de Billy Wilder (Some like it hot, 1959), legendaria comedia ambientada en la época de la ley seca en la que Tony Curtis y Jack Lemmon son dos músicos de jazz obligados a travestirse para huir de la mafia, inflitrados en una orquesta de señoritas donde se encuentran con Marilyn Monroe.


Operación Pacífico, de Blake Edwards (Operation Petticoat, 1959) una simpática comedia ambientada en un submarino que permitió a Curtis encontrarse con su ídolo, Cary Grant; ambos son respectivamente el primer oficial y el capitán de un submarino de la armada estadounidense con un grupo de enfermeras buenorras a bordo que acaba atrapado en alta mar pintado de color rosa...



Espartaco, de Stanley Kubrick (Spartacus, 1960), espectacular y revolucionario peplum, alejado de las habituales producciones cristianizantes de la época, más centrado en el aspecto político y social del contexto histórico y con una puesta en escena más sucia y realista de lo acostumbrado. El enfoque, marcadamente izquierdista (no obstante fue firmado por Dalton Trumbo, hasta entonces condenado al ostracismo por la caza de brujas) causó no pocos problemas entre el productor y estrella Kirk Douglas y los diversos guionistas y directores implicados. En ella Curtis interpreta a un personaje secundario con claras connotaciones homosexuales.


El sexto héroe, de Delbert Mann (The outsider, 1961), una reflexiva cinta bélica (o post-bélica) en la que Curtis interpreta a Ira Hayes, uno de los soldados que ayudó a levantar la famosa bandera de Iwo Jima; Hayes, de origen indio, fue usado como objeto propagandístico y acabó sus días alcoholizado. Su historia está representada también en Banderas de nuestros padres, de Clint Eastwood, aunque en la película de Mann toma el protagonismo absoluto.


La carrera del siglo, de Blake Edwards (The great race, 1965), entretenidísima macrocomedia de época plagada de inventos victorianos y estrellas famosas; en ella Curtis interpreta a un héroe caballeresco y seductor que acepta el reto de competir en una carrera de vehículos motorizados desde Nueva York a París; le acompaña una periodista de profundas convicciones feministas (Natalie Wood) y es perseguido constantemente por el malvado Profesor Fate (Jack Lemmon)


No hagan olas, de Alexander McKendrick (Don't make waves, 1967), un engañosa comedia de aspecto en primera instancia insubstancial que supone una ácida crítica al ideal americano de la época consitente en playa, surf, tios mazas y chicas en bikini.



El estrangulador de Boston, de Richard Fleischer (The Boston strangler, 1968), formidable thriller inspirado en hechos reales en el que Curtis interpreta a un asesino de mujeres que sembró el pánico en Boston durante los primeros años de la década de los 60. Espectacular interpretación de Curtis y modélica dirección y montaje que sacan oro del recurso de pantalla partida.

Tras esta última película la estrella de Curtis decayó y se encasilló en comedietas típicas y alguna que otra película de acción, hasta acabar en la TVparticipando en una serie exitosa (Los persuasores), telefilmes y demás. A finales de los 70 hizo su última película de cierto prestigio, El último magnate, de Elia Kazan (The last tycoon, 1976), basada en una novela de F.Scott Fitzgerald que narra la decadencia de un magnate del Hollywood dorado interpretado por Robert De Niro. Curtis interpretaba un papel secundario en una película plagada de veteranos de lujo: Robert Mitchum, Ray Milland, Dana Andrews, John Carradine, Donald Pleasance...


A partir de entonces fue más famoso por sus juergas, sus matrimonios y por perseguir jovencitas antes que por su trabajo como actor, cada vez más esporádico y en producciones de menor enjundia.

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(1) Como curiosidad, es la última película que rodó con su esposa, la escultural Janet Leigh, antes de separarse en 1962. Del fruto de este matrimonio nació Jamie Lee Curtis, famosa por las mismas razones que su madre.